viola

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Posted on 05/26/2013


Photo taken on April 25, 2013



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Me asusta este impulso de querer devolver los golpes.
Me desperté con el rompecabezas perfectamente armado. Supongo que 5 ó 6 horas de sueño fueron suficientes para aclarar lo que no he podido en días de vigilia.
Piezas perfectamente ensambladas que hacen un ligero sonido al encontrar su sitio, y acoplarse.
Las preguntas silenciosas que aparejan su respuesta, y todo queda a la vista.

Como cuando baja la marea y se descubre donde están las piedras. Y se dibujan los cauces. Y quedan al aire las heridas.
Y no me sorprende pero me aterra esta violencia interior ante lo qué, quién, quienes han arrasado lo que no, nunca, les perteneció.

Después de la noche, el día. Tras la tormenta, la calma.
Pero cuesta, cuesta mucho. El dolor que clama las grietas es demasiado. Y se revuelve la rabia no ya de animal herido que se recoge y se lame, sino de fiera que lucha por sí misma.

Hace poco alguien me dijo que el dolor no es achacable a razones ajenas, sino que somos nosotros mismos quienes decidimos sufrir. ¿o fui yo que lo dijo en un momento de lucidez, cuando me dio descanso la fiebre?
Lo cierto es que no quiero. Tanto "no quiero" que, cuando me siento atacada, se me revuelve lo irracional, se me afilan las garras, y hasta los colmillos montados que nunca tuvieron porqué estar, se descubren como armas.

Espanto a las alimañas que desconocen las líneas de mis manos, la procedencia de mi madre, como para querer destrozar mi ajada piel y mis entrañas y desordenar mis rosas.
Mi cascarón de nuez zozobra en tormentas ajenas. La furia del viento me rompe las telas, me deja desnuda. Se ríe a mis espaldas.

Y, entonces, me tengo miedo.

Recojo retales rotos del mapa de mis años. Recojo las vísceras revueltas. Los jirones de mi historia, esa historia que solo mía es, que solo yo ordeno en mi memoria, y a mí pertenece. Los abrazo contra mi pecho y los siento tan fríos que... como madre protectora, clamo y lloro... y me hago un capullo y expongo mi espalda para que nadie toque lo que es mío.

Siento latir la sangre en las sienes. Y ahora, aunque poco a poco se me acompasa el corazon, me tengo miedo.

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