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Para el trabajo final de serie, y partiendo del eje temático ‘único’
Empecé por definir la palabra ‘único’, con este término se alude a aquello (algo/alguien) de lo que hay un solo ejemplar, que no hay otro igual en su especie. Esto además lo hace singular.
Por otro lado, hay una segunda acepción que se denomina como único a todo aquello que es extraordinario, que se encuentra totalmente fuera de lo común, o bien que es realmente muy bueno entre diversas posibilidades. En este sentido, el término es empleado con una intencionalidad positiva.
Lo que se cataloga de único es porque tras su observación y análisis pormenorizado se concluye que no se ajusta al orden establecido, a la regla, sale de lo común por donde se lo mire.
Siempre lo único nos llamará la atención, nos despertará el asombro y la curiosidad de conocerlo en profundidad.
También la idea de retratarlo, o de registrarlo a través de algún soporte para de este modo poder guardarlo y recordarlo cuando se quiera.
Se puede aplicar en diferentes ámbitos y así es que podemos hablar de personas únicas, de objetos y cosas únicas, de situaciones únicas.
Las personas que se conciben como únicas es porque disponen de características y de un perfil que no encuentra una comparación o un símil con otra.

Único/ singular/ auténtico/ original/ excepcional/ distinto/ exclusivo

Partiendo de esto, tomo como único a la mujer. ¿qué es ser mujer? ¿es ser coquetas y usar maquillaje? ¿es ocuparnos de las tareas de la casa? ¿es ser sensibles y compasivas? frágiles, perceptivas, intuitivas, ser o querer ser madres?...

Las mujeres somos mucho más que eso.
¿quién dice qué y cómo somos?

“La educación, la historia infantil, los mandatos paternos y maternos y las identificaciones con las figuras primordiales constituyen las bases para definir quién será mujer y quién varón, pero también determinan cómo deben ser y qué se espera de ellos”, dice Andrea Gómez, psicóloga, sexóloga y especialista en educación sexual. A las mujeres se les “permite” ser suaves, contenedoras, amorosas, complacientes, atentas, sumisas, sensibles, coquetas, hermosas y jóvenes... ¿Eso es ser mujer?

°La historiadora Dora Barrancos, directora del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la Universidad de Buenos Aires (UBA), lanza que “no hay ninguna esencia femenina. Hay, en todo caso, una multiplicidad de modos de ser mujer”. Afirma que cada época genera expectativas y normas relacionadas con las mujeres y que los atributos que las definen forman parte de una conjunción estereotipada surgida a lo largo de la historia, pero no tiene nada que ver con una “naturaleza femenina”, así como tampoco existe una masculina.

°La psicóloga Alicia López Blanco, autora de “Mujeres al rescate de la fuerza interior” (Paidós, 2011), recuerda una frase de la filósofa francesa Simone de Beauvoir (“No se nace mujer, se llega a serlo”) para explicar que, si bien nacemos con una genitalidad que –la mayoría de las veces- define un sexo (femenino o masculino), habitualmente se confunden los términos “sexo” y “género”. Explica que “el sexo es el conjunto de características físicas con las que nacen los hombres y las mujeres, son naturales y esencialmente inmodificables. Al género lo constituyen las características psicológicas, sociales y culturales y se transforma con el tiempo”.
En el imaginario social hay un perfil de lo que una mujer ‘debería ser’ y de ‘cómo debería comportarse’. Con esos datos, se construyó en nuestra psiquis un modelo a seguir. Su influencia nos lleva a accionar tratando de cubrir las expectaciones de los demás sin ocuparnos demasiado de las nuestras. Reconocer y descubrir que estas características –supuestamente fijas e inamovibles-.
Ser mujer se trata de una construcción cultural que varía con el tiempo y el lugar y que se ve influenciada por nuestras vivencias y por lo que aprendemos desde que nacemos. ¿Cómo nos formamos como tales? “En cada una de nosotras, lo femenino esencial posee características que nos son propias –dice Alicia López Blanco-. No se trata de algo universal, sino de la síntesis personal derivada de lo que traemos al nacer, nuestras experiencias vitales, los rasgos que incorporamos de nuestra madre real y los otros modelos significativos, y la imagen de mujer derivada de nuestra cultura de pertenencia. Descubrir nuestro propio ‘femenino esencial’ es un acto necesario para poder modificar aquellos aspectos que no nos favorecen y hacer crecer los que contribuyen a nuestro bienestar”.
Entonces, si no existe un “ideal de mujer”, quizás sí podamos descubrir cuáles son nuestros propios ideales, es decir, nuestros propios modelos de mujer, construidos a pura historia, cultura y sin salirnos de esta formación que nos convirtió en lo que somos, mujeres.
Las luchadoras, las valientes, las que no se rinden ante la adversidad y las que pelean contra viento y marea por los derechos de muchas. Esas son las mujeres que queremos, que recordamos, que admiramos.

Para poder unir estas definiciones, me interesa trabajar con collage digital, esamblando imágenes y fotografías. Superposición. Utilización de filtros para generar otros efectos, contrastes.
Artistas inspiradores del collage digital: Gabriel Russo, Felipe Posada, Guillaume Chiron, Karen Lynch, Andi Spiess

En cuanto a la composición, tienen una composición dinámica. Donde la relación figura-fondo se da a través de contrastes. Los fondos, en su mayoría, son fotografías mías, en contraposición a las figuras, que son imágenes de los años '50 o '60. También se quiere generar un foco de atención en cuanto a la figura principal. La idea es que sean collages sencillos, mostrando la libertad de la mujer de esa época, que no era algo habitual, ya que se dedicaba a todas las tareas de la casa y a sus hijos.
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