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August 14, 2009

El sueño de un psiquiatra de adolescentes (...I had this very specific dream...) by Peter Shaffer

Dr. Dysart, es el personaje protagónico de la obra Equus de Peter Shaffer,
es un psiquiatra de jóvenes y adolescentes que se encuentra con un caso muy singular que lo hace replantearse su función social y profesional


Este es el audio y el texto de uno de los monólogos que interpreta Richard Burton, en el papel de Dr. Dysart.



Three nights later, I had this very specific dream. In it, l am a chief priest in Homeric Greece. I’m wearing a wide gold mask, all noble and bearded... like the so-called Mask of Agamemnon, found at Mycenae. I’m standing by a thick, round stone, holding a sharp knife. In fact, I'm officiating some immensely important ritual sacrifice... on which depends the fate of the crops, or of a military expedition. The sacrifice is a herd of children... about five hundreds boys and girls stretching in a long queue, across the plain of Argos. I know it's Argos, because of the red soil. On either side of me stand two assistant priests, wearing masks as well... lumpy, pop-eyed masks... such as were also found at Mycenae. Enormously strong, these priests, and absolutely tireless. As each child steps forward, they grab it from behind and throw it over the stone. Then, with a surgical skill that amazes even me, I fit in the knife... and slice elegantly down to the navel, just like a seamstress following a pattern. I part the flaps, sever the inner tubes... yank them out and throw them, hot and steaming, on the floor. The other two then study the patterns they make, as if they're reading hieroglyphics.

It's obvious to me that I'm tops as chief priest. it’s this unique talent for carving that's got me where I am. The only thing is... unknown to the others... I'm beginning to feel distinctly nauseous. And with each victim, it's getting worse. My face is going green behind the mask. Of course, I redouble my efforts to look professional... cutting and snipping for all I’m worth... mainly because I know that if those two others so much as suspect my distress... and the implied doubt that this repetitive and smelly work... is doing any social good at all... then I’d be next over the stone.

Then, of course, the damn mask begins to slip. The priests both turn and look at it. Their gold pop-eyes suddenly fill with blood. They tear the knife from my hand, and I... I wake up.


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Traducción

Tres noches después tuve un sueño muy vívido. En él soy un jefe de sacerdotes en la Grecia homérica. Estoy usando una ancha máscara de oro, barbada y de apariencia noble... similar a la llamada Máscara de Agamenón, que está en Micenas. Estoy de pie sobre una gran piedra circular, sosteniendo un afilado cuchillo. De hecho, estoy oficiando un inmensamente importante sacrificio ritual... del que depende el destino de la cosecha, o el de una expedición militar. El sacrificio se compone de una multitud de niños... cerca de quinientos niños y niñas dispuestos en una larga fila a través de la llanura de Argos. Sé que es Argos por la tierra roja. A mis lados tengo a dos sacerdotes asistentes que también usan máscaras, texturadas, que cubren sus ojos, como otras también halladas en Micenas. Estos sacerdotes son enormemente fuertes y absolutamente incansables. A medida que cada niño se adelanta, lo agarran por detrás y lo tiran sobre la piedra. Luego, con una técnica quirúrgica que me sorprende incluso a mí mismo, le clavo el cuchillo... y elegantemente corto hasta el ombligo, como una costurera cortando un molde. Separo las tripas, corto los intestinos, y los tiro aún calientes y humeantes al suelo. Entonces los otros dos estudian los patrones que hacen, como si leyeran jeroglíficos.

Me resulta obvio que estoy en lo más alto de la jerarquía sacerdotal. Mi singular talento incisivo me trajo a donde estoy. El único problema es que... a diferencia de los demás... indudablemente, estoy empezando a sentir náuseas. Y con cada víctima se pone peor. Mi rostro se vuelve verde d
etrás de la máscara. Por supuesto que redoblo mis esfuerzos para aparentar profesionalismo... cortando y abriendo, por todo lo que más valoro y por sobre todo porque sé que si los otros dos llegaran a darse cuenta de mi angustia y de mis implícitas dudas de que este repetitivo y maloliente trabajo no hace ningún bien social a nadie... entonces el próximo sobre la roca sería yo.

Luego, por supuesto, la maldita máscara se me empieza a resbalar. Los sacerdotes se dan vuelta y me miran. De repente, detrás de sus máscaras de oro, sus ojos se llenan de sangre. Me arrebatan el cuchillo de la mano, y... y entonces me despierto.


Traducción por Fernando M. Sassone


Equus, el filme de Sydney Lumet sobre la obra teatral de Peter Shaffer. Ricchard Burton y Peter Firth, una dupla magistral.



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Trailer oficial de la película
http://www.ipernity.com/blog/17402/39945

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Comentario de la obra por Fernando Sassone.
http://www.ipernity.com/blog/17402/39945

Fernando M. Sassone
http://www.finisafricae.com.ar
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August 20, 2009

Un relato para el 18 de septiembre


De regreso del trabajo, al entrar en su casa, le pareció que algo había cambiado. Se detuvo un instante y miró atentamente a su alrededor. Todo parecía estar en su lugar así que, con esa incertidumbre, continuó con su rutina de llegada: el abrigo en el perchero, el bolso en el aparador y la obligada visita al baño. Hizo pis, se lavó las manos y la cara. Le gustaba lavarse la cara cuando regresaba de la calle, le daba una sensación de alivio, de renovación. El frío del agua en el rostro le produjo un repentido estremecimiento. Al levantar la cara del lavatorio quedó enfrentado al espejo. Se miró extrañado y, como si el reloj del tiempo hubiese retrocedido, revivió cierto día de su niñez, a los cuatro o cinco años, cuando también frente al espejo, había intentado imaginar su rostro de adulto. De seguro no tendría barba ni bigote, no le gustaba. Lo recordaría en el futuro para mantenerse bien afeitado. Pero ahora ya podía ver esa cara que acusaba el paso del tiempo; la barba entrecana, el bigote ralo en el centro (mezcla rara de Emiliano Zapata y Confucio), la nariz prominente, el cútiz curtido, los poros abiertos, las ojeras marcadas por el cansancio, el gesto duro, la mirada torva. Se llevó las manos al rostro y lo recorrió con los dedos. Absorto, se miró un largo rato. Pensó en que desde aquel momento de su infancia no podrían haber pasado más que unos pocos días. Siguió mirándose. Miró su entrecejo marcado, sus cejas aún finas, las marcas de la frente, las pronunciadas entradas al cuero cabelludo, el pelo castaño y lacio, aún abundante... El niño pudo satisfacer la curiosidad de ver su rostro adulto. Estaba un poco desilusionado, pero no cabía duda de que era él. Entonces, repentinamente, sacó la lengua, frunció el ceño, mostró los dientes como una fiera y gesticuló tensionando todos los músculos de la cara. Otras muecas cedieron el paso a los sonidos. Aprisionó aire en los cachetes y los hizo vibrar lanzándolo lentamente, hizo sopapa con la lengua aplicándola y retirándola repetidamente contra el lado interno del labio inferior, hizo el típico tloc-tloc-tloc-tloc que imita el trote de un caballo, produjo unos sonidos rasposos y graves desde la garganta y con la boca cerrada, y de la misma forma, una risa apagada y aguda, y otros sonidos de lo más extraños. Con orgullosa destreza acababa de ejecutar su exclusiva colección de ruiditos, ¿cuánto tiempo había pasado sin hacerlos? Se miró seria y largamente en el espejo y el niño desapareció. Volvió a lavarse la cara como para regresar a la realidad, se secó y salió del cuarto de baño. Fue allí cuando tuvo la visión: se vió a sí mismo como a un niño de unos cuatro años que corría hacia él con la sonrisa más hermosa que recordara haber visto. Lo seguía una preciosa niña, un poco más grande, de rasgos delicados, que se acercaba con los brazos abiertos. Tras ellos, una hermosa mujer lo miraba con ternura y sonreía alegremente. Se puso en cuclillas para recibir a los niños y los cuatro se fundieron en un abrazo de caricias y besos. Entonces escuchó:
- ¡Feliz cumpleaños papá! - ¡Felices cuarenta mi amor!.


"Relato para mis cuarenta años"
Fernando M. Sassone (18-09-1969)

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