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En mi infancia tenia una pesadilla que se repetía periódicamente, no sabría decir cuántas veces la soñé, fueron las suficientes como para que la identifique claramente. El período de tiempo en que la tuve fue aproximadamente entre mis 4 años hasta los 9 o 10 años, tampoco sabría decirlo exactamente...
La pesadilla
En mi sueño, yo era una gran bobina de papel, como de un metro de ancho, que formaba parte de una gran máquina o mecanismo con rodillos, varillas y partes metálicas negras. El papel salía de la bobina, pasaba por una gran superficie plana de unos cinco metros de longitud, pasaba entre dos rodillos y se metía en la máquina, donde le perdía el rastro. Mientras sucedia este proceso, que podia ver desde afuera, experimentaba angustia y una leve y constante tortura que combinaba un extraño dolor de cabeza, un zumbido o vibración que se mezclaba con los ruidos de la fricción del papel, los rodillos y las partes metálicas de la máquina y un dolor de garganta como de estar tragando algo lenta y dolorosamente, como una pesada angina. La suma de estas sensaciones conformaban un único sentimiento que no acababa de manifestarse en su real magnitud, y que era contenido por un extraño equilibrio basado en el hecho de que el papel entrase liso y parejo entre los rodillos. Este proceso era molesto en si mismo, pero hacia que el dolor fuese tolerable, aunque resultaba inevitable que este incómodo equilibrio no podría mantenerse. Hasta que efectivamente, el papel, pasando a gran velocidad, comenzaba a arrugarse al pasar entre los rodillos, y el proceso se convertía en un verdadero caos, y la angustia y dolor conenidos se tornaban una tortura real. Yo, siendo el mismo papel, me esforzaba por enmendar este problema realizando un incomprensible esfuerzo para pasar entre los rodillos sin arrugarme, pero mi esfuerzo intensificaba la opresión y el dolor, hasta que lograba que el papel se volviese a enderezar y el dolor disminuía volviendo al incómodo y molesto equilibrio inicial. Pero todo era parte de un ciclo y pronto el papel volvía a arrugarse recrudeciéndose la opresión y el dolor. Mientras este pequeño gran drama me ocurría, en medio de mi mortificación, podía ver el rostro de mi padre, claramente divertido, riéndose con una risa sorda propia de quien se ríe mucho tiempo. No creo que hubiese podría sadismo en su actitud, pero resultaba evidente que se reía de lo que me estaba pasando.
Esta maquinita tiene que ver con la pesadilla, ya que es a ella a la que me remitían las imágenes de hierros y varillas de mi pesadilla. Recuerdo que de muy chico me gustaba jugar con ella, y tembién recuerdo que una vez me lastimé... La vengo conservando desde que descubrí que formaba parte de mi pesadilla.
Nota al pie
Curiosamente debido a mi profesión de diseñador gráfico, muchas veces me ha tocado supervisar puestas en máquina en grandes imprentas offset.
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Fernando Marco Sassone / Yörik
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© 2007 Fernando Sassone. / www.finisafricae.com.ar
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