Escuchaba a un amigo contar las peripecias que viene haciendo para habilitar su negocio en la isla, en Tigre. Hace más de quince años que tiene abierto con diversos tipos de habilitaciones provisorias, pagando impuestos, multas, sellados, gestores... todo menos coimas, y no logra tener la habilitación definitiva.
El sistema está hecho para que progresen los coimeros. La burocracia está inundada de inoperancia y corrupción, la una nutre a la otra y ambas se complementan a la perfección.
Estos tipos, funcionarios e inspectores municipales, que viven de la mierda, llegan a su casa cada día, miran el noticiero y reclaman un país mejor. Mandan a sus hijos al colegio pretendiendo que se les enseñen buenos valores y esperando que sean ellos la generación que salve al país de la decadencia y el deterioro en que se encuentra.
Estos tipos que también se quejan en los cafés y en las reuniones... son los que pueblan la administración pública, la justicia, la policía... De estos tipos, en definitiva, está hecha la dirigencia de este país.
Así que la próxima vez que escuches a alguien quejándose del país, miralo a los ojos y preguntate por dentro (o si te atrevés en voz alta):
—¿Serás vos uno de esos hijos de puta que nos hunden día a día?
El ejercicio puede repetirse frente al espejo.

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Fernando M. Sassone
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