La identidad cultural y racial del argentino suele ser uno de los datos más coloridos de su ser nacional, pero vive en él un conflicto interno irresuelto.
Los argentinos de origen europeo enfrentan la paradoja del nacionalismo y la raza. Quedando demostrada la potestad del suelo de nacimiento sobre la sangre, se experimenta sin embargo la nostalgia y la disyuntiva de sentirse parte de una cultura y tradición que se lleva adentro y es a la vez lejana. Esa añoranza de raíces se proyecta lejos del suelo patrio y no siempre se resuelve a favor de una identidad auténticamente argentina.
Los que llevan varias generaciones en el país, al punto de que de su origen lejano a penas queda el testimonio de su apellido español, italiano o incluso alemán, no la pasan mejor. Vive en ellos la certeza y la conciencia nata de que su interior sigue respondiendo a tradiciones y patrones gestados lejos de estas tierras y que los hacen mirar a Europa a la hora de buscar identificación.
Los argentinos de raza mestiza tienen por su parte el karma del paria. Definitivamente no se sienten parte de los pueblos indígenas, ni del europeo, ni tampoco tienen una cultura propia.
Para los argentinos indígenas, ser argentinos les resulta anecdótico, intrascendente y hasta incomprensible y no les reporta ningún beneficio frente a sus conciudadanos, a los que ven como extranjeros e invasores de su tierra. Consciente o inconscientemente, ellos sienten la humillación impuesta por una bandera que son obligados a servir a costa haber sido obligados a renunciar a sus derechos sobre la tierra, su cultura y hasta su idioma, sin ser en nada beneficiados.
Tristemente, el fútbol nos encuentra aunando grandes masas de argentinos bajo un falso y liviano nacionalismo basado en el triunfalismo y la exacerbación de las peores valores del patriotismo, que es usado demagógicamente por los gobiernos de turno .
Y pese a todo, nada de esto quita que las festividades futbolísticas sean un grato momento para compartir alegrías, tristezas, orgullo y frustraciones.
Pero no dejemos de recordar que esas intensas emociones vividas en los campeonatos mundiales, son también un opaco espejo de lo que podría ser el patriotismo de un pueblo trabajando para la construcción y beneficio del prójimo, un prójimo que es todo aquel que comparte y trabaja en el suelo donde se vive, haya nacido en Argentina, Europa, Paraguay o Bolivia. En ese sentido sí, argentino es todo aquel que se pone la camiseta.

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Fernando M. Sassone
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