Mi hermana Cecilia y yo, luego vinieron 3 hermanos más: Pablo, Mariana y Diego.
Foto: Ricardo Sassone

Vivimos creyendo que la vida no tiene fin, o como diría Paul Bowles, creyendo que la vida es un pozo inagotable. Especialmente durante nuestros primeros años de vida, no concebimos nuestra muerte ni la de nuestros padres. A medida que van muriendo seres más o menos cercanos comprendemos la tragedia del fin, pero mantenemos sin embargo esa ilusión o conciencia de inmortalidad. Con algo de suerte llega un momento en nuestras vidas en que tomamos conciencia de que podemos morir en cualquier momento.
A mediados de mis treinta años meditaba sobre lo que podría quedarme de vida. Veinte, treinta, cuarenta o cincuenta años más. Tantos años pueden parecer mucho o poco, pero realmente no son nada contrastados con el sentimiento de inmortalidad con el que crecimos.
De las muertes cercanas que nos pueden tocar experimentar, las que juzgamos prematuras son las de más difícil aceptación. Las concebimos como accidentes o desviaciones del destino, algo que no debió suceder. Y si el fallecido prematuramente es un padre, hermano o hijo, entonces la tragedia adquiere dimensiones dolorosas.
Con mi viejo teníamos una relación de mucho afecto y admiración mutua, y también había temas pendientes: charlas, reproches, disculpas, y perdones. Necesitabamos más tiempo para madurar estas cosas. Cuando él vivía me preocupé menos por cultivar la relación que por enfrentarlo para diferenciarme de él y de su gigantesca imagen. Siempre lo lamentaré, aunque no me lo reprocho demasiado, rehacer el pasado además de imposible es infructuoso, lo hecho, hecho está y nos queda el consuelo de la experiencia.
Cuando me enteré de que estaba emfermo terminalmente nunca pensé realmente que podría morir. Confiaba ciegamente en su recuperación, incluso, milagro mediante. Pero Ricardo murió a los cincuenta y cuatro años el 20 de noviembre de 1996.Yo tenía veintisiete. y no estaba preparado para su muerte. Tampoco imaginaba lo mucho que podría extrañarlo.
Un tiempo antes de su muerte, durante una reunión de culto en la iglesia a donde asistía, me llamó el Pastor a parte y me dijo que sentía que tenía que decirme algo especial. Me dijo que al regresar a mi casa abrace a mi papá y lo perdone por todo. No le di demasiada importancia porque me pareció un mensaje de mal agüero. Cuando llegúe a casa fui a charlar un rato con mi viejo, que estaba ya en postrado y convalesciente, pero no sentí de abrazarlo y no lo hice, pensé que habría tiempo para eso. Alguos días después, a medianoche, mi mamá me llamó para decirme que mi papá tenía pesadillas y que no podía dormir, si podía ir a verlo para calmarlo. Fui a verlo y lo encontré sentado en el borde de su cama, desvelado, en ese estado especial entre medio del sueño y la vigilia. Le pregunté qué le pasaba y me contestó entre sueños, que estaba muy cansado pero que no podía dormir. Me senté a su lado y estuvimos un momento en silencio. Entonces mantuvimos esta conversación:

- No me dejan entrar al partido. ¿Por qué no me dejan entrar?
- ¿A qué partido papá?
- Al partido de futbol. Me dejan en el banco, yo quiero jugar.
[ mi viejo era un excepcional jugador de fútbol, fuerte, rápido y muy hábil, con mucha gambeta ]
- Estás soñando viejo, no te preocupes.
- Todos están jugando pero a mi no me dejan.
- Es un sueño papá.
- Qué boludo... ni se lo que digo... estoy cansado...
- Tranquilo viejo... acostate y tratá de dormir, yo me quedo con vos...
Me quedé a su lado y le hice caricias en el pelo hasta que se durmió.

Algunos días después, a primeras horas de la madrugada, mi mamá me volvió a llamar, llorando y me dijo que papá no podía respirar. Fui corriendo, inspiraba débilmente y expiraba pesadamente con fuertes ronquidos, y parecía estar inconsciente. Le grité a mi mamá que llame a una ambulancia, pero me dijo que los médicos le habían advertido que no tenía sentido internarlo nuevamente. En ese momento el mundo se me vino abajo, ¡no podía ser que muriera! No me resigné, le hice respiración artificial. No reaccionaba pero seguí. En eso se aparece en casa el pastor de la Iglesia, al que mi mamá también había llamado y me dice:

- Dejalo irse Fer, el Señor lo llama para que esté con él... Yo no podía creerlo...
-¡Aguantá viejo!- le decia, -Aguantá, no te vayas..."

Continué haciendole respiración artificial, pero ya había fallecido. No podía creer lo que me estaba tocando vivir... afuera de la habitación estaban mi madre y mis cuatro hermanos llorando. Cayó un telón. Ese día se fué mi inocencia sobre la inmortalidad.
Años más tarde soñé que estaba vivo. Hablábamos, bromeabamos, hacíamos planes y nos abrazabamos cálidamente. Cuando desperté del embrujo del sueño quedé pasmado e intantáneamente me comenzaron a caer lágrimas. Sentía impotencia, nostalgia y arrepentimiento por todo lo que no hice y no le dije. Tantos sentimientos ahogados en el tiempo surgían nuevamente. Arrepentimiento, lamentaciones. ¡Qué impotencia no tenerlo cerca!, no tener su consejo sabio, su fé en mi, su espejo en donde yo era capaz de hacer cualquier cosa. Me di cuenta que tenía unas tremendas ganas de abrazarlo y de que me abrace, de perdonarlo por todo y de agradecerle por todo... Fue entonces que recordé lo que me había dicho el pastor de la Iglesia, que lo abrace y que lo perdone... Al dia de hoy lamento no haberlo hecho. Es tristísimo haber tenido la oportunidad de hacer algo y no haberlo hecho. Pero más que el abrazo, extraño no tener la incondicionalidad de un padre, su el consejo sincero, y su sentido del humor.
¿Qué tan ligados podemos estar a otra persona?, ¿por qué son tan importantes nuestros padres?, ¿porqué somos tan dependientes? Ya pasaron doce años de su muerte, estoy al borde de los cuarenta y cada vez lo extraño más. No puedo llenar el vació que dejó. No encuentro una persona que pueda aconsejarme o abrazarme como mi padre. Lo cierto es que cuando no están, los errores o reproches no se comparan con poder tenerlos al lado, y sentir su incondicionalidad. Espero que mis hijos no tengan nada que lamentar conmigo. Voy a trabajar y preocuparme para que eso no les suceda.

Hasta pronto Ricardo, fuiste un gran tipo y tu memoria vive en mi.

Fernando


Jugando a leones con mi viejo.


Esta canción, puede que sea una cursilería... pero es buena para expresar lo que se siente. Una música de fondo para nuestros tristes sentimientos.

Hurt




Intérprete: Cristina Aguilera
Autores: Cristina Aguilera, Linda Perry, Mark Ronson

Seems like it was yesterday when I saw your face
You told me how proud you were, but I walked away
If only I knew what I know today
Ooh, ooh


I would hold you in my arms
I would take the pain away
Thank you for all you've done
Forgive all your mistakes
There's nothing I wouldn't do
To hear your voice again
Sometimes I wanna call you
But I know you won't be there


Ohh I'm sorry for blaming you
For everything I just couldn't do
And I've hurt myself by hurting you


Some days I feel broke inside but I won't admit
Sometimes I just wanna hide 'cause it's you I miss
And it's so hard to say goodbye
When it comes to this, oooh


Would you tell me I was wrong?
Would you help me understand?
Are you looking down upon me?
Are you proud of who I am?


There's nothing I wouldn't do
To have just one more chance
To look into your eyes
And see you looking back


Ohh I'm sorry for blaming you
For everything I just couldn't do
And I've hurt myself, ohh


If I had just one more day
I would tell you how much that I've missed you
Since you've been away
Ooh, it's dangerous
It's so out of line
To try and turn back time


I'm sorry for blaming you
For everything I just couldn't do
And I've hurt myself by hurting you