Cuatro años soportando los usuales cortes generales de suministro eléctrico, y los microcortes de un segundo que apagaban mi PC y me obligaban a reiniciar todo el sistema haciéndome perder tiempo y trabajo.
Siempre supe que tenía dos soluciones paliativas, comprarme una notebook, o comprarme una unidad UPS (mantiene la provisión eléctrica por medio de baterías durante media hora).
Nunca me gustaron las notebooks, así que siempre aspire a comprame una gran UPS.
Muchas veces busqué la indicada, pero nunca la había podido encontrar, ya sea porque no daba con el producto de calidad que buscaba (hay que ser meticuloso y muy cuidadoso con los artefactos eléctricos de este tipo) o porque cuando lo encontraba no estaba al alcance de mi bolsillo.
La cuestión es que finalmente compré una UPS, y en una época de plena crisis de importaciones, y con la industrua nacional alicaída, me vengo a encontrar luego de hacer algunas averiguaciones que la marca TVR no solo era buena sino que además era una marca argentina, instalada en la provincia de Córdoba.
El vendedor me mostró el equipo y me contó sus cualidades. Quedé impresionado por la calidad de fabricación, el plástico, las terminaciones, el diseño industrial, la calidad de los cables, los interruptores de encendido, las luces LED de alarma y más aún, la UPS venía con un software para gestionar programas de administración de tensión y el apagado controlado de la PC cuando se acercaba el agotamiento de la batería.
A parte de todo, el precio era accesible, mil doscientos pesos, por un equipo de características similares al que dos años atrás me habían cotizado en ochocientos.
Quedé sorprendido. La industria Nacional aún tenía esperanzas.
Incrédulo yo, volví a preguntar al vendedor si realmente era de fabricación argentina.
—Si -me afirmó— lo hacen en Córdoba.
—¡Me lo llevo!
Me lo llevé a casa muy contento, hasta el packaging era sólido, de agradable diseño y de perfecto embalaje. ¡No todo estaba perdido para la industria nacional!
Esa noche, cuando se acostaron los chicos me dispuse a leer tranquilamente el manual de instalación y del usuario.
Replanteé toda la instalación eléctrica, el cablerío, los transformadores, las zapatas, el viejo estabilizador de tensión, etc. La UPS me ofrecía 800Wats de consumo, tres salidas para mantener la tensión y una salida para equilibrar la tensión pero sin provisión de tensión. Era suficiente para mis necesidades y consumo.
A las tres de la mañana, quedó terminada la nueva instalación y configuración. Dediqué las siguientes dos horas a ordenar la oficina, limpiarla y dejarla diez puntos para comenzar una nueva etapa de trabajo.
Me disponía a acostarme, feliz con mi nueva adquisición y con la tarea realizada, pero antes decidí ocuparme de dar destino al embalaje. Tiré las proteccio poliestireno expandido (nunca se cómo ni en qué reciclarlos), puse las dos bolsas en la caja de bolsas y medité por un momento qué uso podría darle a la caja. Podría servirme para guardar las pequeñas artesanías que me regalan mis hijos y que en los útlimos dos años inundaron el primer estanet de mi oficina sobre el monitor, que a tal punto estaba lleno que ya estaban todas amontonadas.
Seleccioné las que iban a permanecer y guardé el resto en la caja y la coloqué sobre otro estante. Pero entonces, volví a agarrarla y la miré por todos lados, leí todo lo que decían sus caras y examiné su diseño, era muy decente, incluso el material, y la calidad de la impresión a todo color con un acabado platificado.
Lleno de orgullo nacional, busqué la leyenda "INDUSTRIA ARGENTINA", pero no la encontré por ningún lado. ¿Podía ser que no tuviera la firma de país una pieza de producción tan digna?
Pero pronto identifiqué una etiqueta blanca pegada con los datos muy pequeños y resumidos del equipo y la identificación de origen. La etiqueta decía así:

Fuente de Alimentación Ininterrumpida - UPS
Entrada 220, 10A; 50 Hz, 1 (y demás datos técnicos)
Serial Nº 20044281304
TVR Dispositivos Electrónicos SRL
Rodríguez Peña 3235, Córdoba, ARGENTINA
Origen: Fabricado en China.

¡Qué manera de despertar de un sueño! ¡Cuanta ingenuidad!

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Fernando M. Sassone
www.finisafricae.com.ar