Esto me pareció interesante para compartir. Lo leí en un libro muy raro llamado "La moral en China". Parece algo ideal para transmitir a los hijos.
(En castellano ibérico en el orginal. Me tomé el atrevimiento de pasarlo a castellano latinoamericano)

Reparó en una estatua cuya boca estaba cerrada por tres agujas que atravesaban los dos labios para que no se abrieran, y cuya espalda estaba cubierta de caracteres que Confucio interpretó así:
"Antiguamente los hombres eran muy circunspectos en sus discursos, hay que imitarlos; no hables demasiado, porque cuando se habla mucho, se dice , casi siempre, algo que no debiera decirse.
No te encargues de muchos asuntos, muchos asuntos entrañan muchas molestias.
No busques procurarte demasiada alegría ni una excesiva tranquilidad; buscar esto es por sí mismo un trabajo y un obstáculo para el reposo.
Guárdate de no hacer nunca nada de lo que pronto o tarde puedas tener que arrepentirte.
No descuides el remediar el mal, por pequeño que te parezca; un mal pequeño descuidado aumenta poco a poco y se hace muy grande.
Si no tratas de evitar que te hagan injusticias pequeñas, te encontrarás pronto en el caso de emplear todo lo que sepas hacer para ponerte a cubierto de mayores sinrazones.
Al hablar o al obrar no pienses, aún cuando estés solo, que no eres visto ni oído; los espíritus son testigos de todo.
No creas que un hombre de fuerza puede, sin arriesgar su vida, exponerse a todos los peligros; un fuerte encuentra a otro más fuerte que lo derriba.
No se resiste al soberano sino cuando exige demasiado; se le obedece sin trabajo cuando contenta un poco.
El cielo no tiene allegados, trata por igual a todos los hombres."
Confucio, al acabar de leer en alta voz esta inscripción, añadió: "Pienso que quien ponga en práctica lo que ella enseña, no estará lejos de su perfección".

Luís Martin. La moral en China.
Buenos Aires, 1949
(Pág. 80-81)