—Te juro que yo no fui.
—Yo no dije que hayas sido vos.
—No, pero lo estás insinuando.
—No, no. Te aseguro que no pienso que hayas sido vos.
—Claro que no fui, ¿qué duda te cabe?
—Bueno... dudas no tengo, pero tampoco puedo tener certezas de nada.
—Pero ¿qué decís?, ¿qué no tenés la certezas de que yo no fui?
—Si tuviera certeza de las cosas sería Dios.
—¡Te juro que no fui!
—No se porqué estás tan preocupado en afirmar tu inocencia.
—¡¿Pero entonces sí crees que fui yo?!
—¡Qué no!
—¡Pero lo acabas de decir!
—¡No! Sos vos el que cree que pienso que fuiste vos. No se porqué crees eso ¿Acaso fuiste vos? No entiendo por qué estás tan preocupado.
—Si no crees que fui yo, no estoy preocupado.
—No lo creo, pero si seguís armando tanto escándalo voy a empezar a creer que verdaderamente fuiste vos...
—¡Lo sabía! Ok, ¡fui yo!, estás conforme ahora.
—Ya lo sabía, lo supe desde el principio.
—¡No ves que sos un hijo de puta! ¡¿cómo vas a desconfiar de mi?!
—¡Vos mismo acabás de decir que fuiste vos!
—¡No! ¡Te lo dije para que te saques la careta y digas lo que realmente pensás!
—Si ya te había dicho que no desconfiaba de vos. ¿Qué pasa? ¿te remuerde la conciencia? "¿Estás nervioso Clarín?"
—¡La concha de tu hermana! ¡No-fui-yo! ¡Entendelo!
—Dejá de gritar... me tenés las bolas llenas... No me importa si fuiste vos, tampoco me importa si no fuiste. Ya fué. No importa quien fue.
—Pero yo no fui. No entiendo cómo sos capaz de desconfiar de mi. ¡Qué decepción!
—Ok, no fuiste
—Ok.
—Claro...
—Claro ¿qué?
—Nada...
—Bueno. Cortala.
—¡La voy a cortar cuando confieses!
—Y dale otra vez... Está bien, fui yo...
—¡Lo sabía!
—Pensá lo que quieras...
—¡Pero si estás confesando!
—Para que no me rompas más los quinotos.
—Si no querés que te rompa más los quinotos, devolvé lo que me sacaste.
—Está bien... esperá... ¡Tomá! ¡Acá tenés! ¡100 pesos!...
—Pero... ¿cien pesos...?
—Sí, ya los tenés, no me jodas mas ahora.
—Pero el chocolate cuesta 11 pesos.
—¿Eh? ¿Que chocola...? ¿El chocolate?
—Si, te comiste mi chocolate...
—Ah, sí, claro, ayer me lo comí...fui yo... emm...
—Sí... ya sabía... pero... ¿cómo sabés que perdí cien pesos...?
—No... eh... bueno.. yo...
—¡¡Hijo de puta!! ¡pensé que los había pedido!

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Fernando M. Sassone
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