Los bigotes de Groucho Marx siempre me inquietaron, hasta el momento en que descubrí que eran falsos: Estaban pintados. El descubrimiento me hizo reir, pero tambien reflexionar.
El actual cine comercial se basa en el efectismo y la verosimilitud que pueda lograrse con el artificio. Nuestro afán por el realismo en el cine hace que la industria invierta millonarios presupuestos en presentar películas con sumo realismo, como si este fuera una condición sin la que la historia no resistiera ser contada.
Groucho y sus bigotes pintados nos recuerdan que el cine mismo es un gran artificio en donde lo esencial trasciende a la forma y lo que no lo es puede –y hasta es deseable– suplirlo la imaginación del espectador.
Una buena historia no necesita de efectos especiales para ser creíble, ni para ser gozada.
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Fernando Marco Sassone
17 de diciembre de 2007
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© 2007 Fernando Sassone. / www.blog.singularidad.org


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