
Gabado de M. C. Escher
La búsqueda del sentido de la vida nos hace querer transitar espacios inuscitados. Es interesante ver como en Occidente, las nociones de cielo e infierno se corresponden con una geografía de arriba y abajo, dimensiones tan inaccesibles que terminan convirtiéndose en un símbolo de lo metafísico, de lo inabordable. Negados estos espacios verticales, buscamos respuestas horizontalmente, en todo lo que nos rodea, descubriendo lugares que no abundan en conocimiento trascendental. Agotadas las instancias espaciales, la sabiduría de Oriente nos introduce en una nueva dimensión, el adentro: un espacio misterioso y tan intimo como frecuentemente inhóspito, que termina siendo tan inaccesible como el arriba, el abajo y los alrededores. Reconocemos entonces que este es un juego de a todo o nada que sólo terminará con la muerte, esa frontera última en donde parece haber establecido domicilio la verdad. Tener que terminar la vida para encontrar su sentido último es una de las mayores paradojas ha las que a llegado la civilización. Buscando clarificaciones, encontramos en la Biblia un interesante laudo que nos dice: "El reino de los cielos es de los valientes", lo que, con ciertas licencias, podríamos interpretar como "El que no arriesga no gana". Valentía al margen, ya imaginaba yo que al fin de cuentas todo esto era una cuestión de pura timba.
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Fernando M. Sassone
www.finisafricae.com.ar
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