La memoria es algo que puede perderse de un momento a otro, en forma indefectible, sin una advertencia que nos permita tomar recaudos para resguardarla. Sucede generalmente luego de un doloroso golpe, y fue así precisamente como me sucedió a mí: un tremendo golpe me ha dejado sin parte de mi memoria y recuerdos más remotos.
Sucedió hace una semana, pero recién alcancé a percatarme de la importancia de la pérdida cuando, hace unos días y hasta hoy, mis hijos empezaron a acosarme con todo tipo de preguntas sobre mis abuelos, mis padres, y mi infancia... Dónde nacieron mis abuelos, cómo se conocieron, cuándo llegaron al país, cómo se pusieron de novios mis padres, cómo era el mundo cuando eran jóvenes, cómo era yo de bebé, cuáles fueron mis primeras palabras…
Nada pude responderles, y sin esa perspectiva generacional que brinda el conocimiento del pasado de quienes nos precedieron, me sentí desarraigado, como un hombre sin linaje.
Pude haberlo anotado todo, pude grabarlo, ponerlo todo en claro y resguardar esas historias para transmitirlas a mis hijos y a mis nietos, pero no lo hice. En la vida, todo lo que sucede tiene su momento, hasta que deja de ser. Hace exactamente una semana, he perdido parte de mi memoria: ha fallecido mi madre.

---
Fernando M. Sassone
AKA PQR