Hay personas que han compartido sus vidas con tanta intensidad y cariño que cuando terminan sus días es necesario e imprescindible dar testimonio de ellos.

Daniel era un tipo cabal, honesto, noble, sincero, optimista, luchador. Amante esposo, padre cariñoso y un gran amigo. Siempre respetuoso, siempre atento, siempre cauto, ubicado, amoroso y listo para ofrecer su amistad y tender una mano. Era inteligente y astuto, pero humilde. Tenía la sabiduría del que se hace de abajo y sabe lo que significa el trabajo, el esfuerzo y una vida de lucha. Sabía saborear sus logros, grandes o pequeños, valorar los méritos propios y reconocer los ajenos. En su carácter y principios, la lealtad era una convicción íntima, una forma de ser.

Padre orgulloso como pocos, siempre se ocupó de transmitir con orgullo el amor que sentía por su hijo Fernando, hablando de sus logros en los estudios y en el trabajo, y soñando con su porvenir venturoso. Su hijo era la luz de sus ojos.

Mi familia tuvo la suerte de atesorar su amistad. Amigo y compañero de trabajo de mi padre, lo acompañó en las buenas y en las malas con la nobleza y fidelidad de un hermano. Ante la certera quiebra comercial que acabaría con la empresa y lo dejaría sin duda sin trabajo, en uno de los momentos más cruciales, esto fue lo que manifestó a mi padre: "Ricardo, vos sos el capitán, pero si el barco se hunde voy a estar al lado tuyo hasta el final". Y así lo hizo. Daniel compartió nuestras alegrías y no nos abandonó en el fracaso y el dolor, sabiendo aunarse a nuestro llanto cuando mi padre falleció. Luego pasaron doce años en los que Daniel se ocupó de mantener los lazos de amistad y cariño que nos unían. Ese era él, pura nobleza, puro cariño.

Daniel y su familia también vivieron momentos duros, también les tocó perder todo lo que habían construido. Pero él sabía que la vida te da y te quita y por eso nunca bajó los brazos ante ningún revés de la vida. Por eso siempre tuvo el coraje de volver a empezar, con humildad, con trabajo, con esfuerzo, con optimismo, esperanza y siempre con entusiasmo... ¡cuánto entusiasmo que transmitía!

Daniel fue una de esas personas que saben hacerse querer y que con su forma de ser logran estar siempre presentes, aún al desaparecer físicamente. Lo recordaremos con amor y respeto. Recordaremos su gran sentido del humor, su sonrisa amplia, su risa fácil y su carcajada sonora. Recordaremos su cálido abrazo, su alegría y su optimismo. Recordaremos su conversación franca, su afán por comunicarse con las personas y por brindar cariño.

Tipos como Daniel son irreemplazables, se extrañan por siempre. Su muerte es un golpe de tristeza para todos los que lo quisimos. Pero creemos que la muerte no es el final de todo, creemos en la vida, en el juicio y en la recompensa, y confiamos en que Daniel ya tiene su corona.

Daniel, amigo, hermano ¡hasta pronto y hasta siempre!

Familia Sassone
Cecilia, Fernando, Pablo, Mariana, Diego y Maria Teresa


Aquí les dejo una hermosa cancion de George Harrison para honrar y recordar al querido Daniel: