Lo más curioso era –pensó Winston mientras arreglaba las cifras para el Ministerio de la Abundancia– que ni siquiera se trataba de una falsificación. Era, sencillamente, la sustitución de un tipo de tontería por otro. La mayor parte del material que allí manejaban no tenía relación alguna con el mundo real, ni siquiera en esa conexión que implica una mentira directa. Las estadísticas eran tan fantásticas en su versión original como en la rectificada. En la mayor parte de los casos tenía que sacárselas el funcionario de su cabeza. Por ejemplo, las predicciones del Ministerio de la Abundancia calculaban la produccon de botas para el trimestre venidero en 145 millones de pares. Pues bien, la cantidad efectiva era de 62 millones de pares. Es decir, la cantidad declarada oficialmente. Sin embargo, Winston, al modificar ahora la "predicción", rebajaba la cantidad a 57 millones, para que resultara posible la habitual declaración de que que se había superado la producción. En todo caso, 62 millones no se acercaba a la verdad más que los 57 o los 145. Lo más probables es que no se hubiera producido botas en absoluto.

1984. George Orwell
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El ejercicio de Pierre Menard, por Fernando M. Sassone
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*INDEC: Instituto Nacional de Estadística y Censos