Hace un tiempo, un amigo tocó "el techo de América", ascendió al Aconcagua. No se qué lo motivó, no me interesa cuestionarlo, pero reflexionando en la proeza pensaba:
"Qué buena experiencia debe haber sido, y sin embargo, me interesa tan poco emularla...
Sí me gustaría subir una montaña, pero definitivamente no la más alta, ni la más peligrosa, ¿para qué? Tal vez sí escalaría la más bella, mientras no venga a ser también la más alta.
La vida ya nos presenta grandes montañas para escalar y que tenemos buenas oportunidades de conquistarlas: el orgullo, el rencor, la sensación de intrascendencia, la indolencia, la tibieza, el camino fácil, el confort que fagocita los principios, esas son las más peligrosas montañas que me propongo vencer.
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Fernando M. Sassone
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