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En muchas cosas, y para muchos, hoy la vida pasa por Internet. Pero para llevar una vida virtual interactiva hacen falta algunas cuentas en diversos portales.
Una cuenta de Facebook porque allí está todo el mundo.
Una de Google+ porque puede que sea lo que se viene.
Una de Twitter claro, como no vas a tener una cuenta en Twitter.
Una de Mesenger porque todavía hay quien lo usa.
Una cuenta en Trillian Astra, para manejar Messenger, skype y google talk todo en una sola aplicación.
Una en skype, porque es necesario hablar de vez en cuando.
Una en voipdiscount, para hablar gratis o más barato que en skype.
Una cuenta en Linkedin para no quedar afuera de la movida laboral on line.
Una cuenta de Dropbox, para tener backup on line de nuestros archivos y sincronizarlos con nuestra PC (esto si que es genial pidan una cuenta gratis aquí db.tt/w7vH4Y1).
Una cuenta en box.net, para saber si ofrece algo mejor que Dropbox.
Una cuenta en Teamviewer para hacer realidad la magia de internet y acceder a nuestra computadora o la de otro desde cualquier lugar.
Una cuenta en pagomiscuentas.com para terminar con las colas en el pago de servicios.
Una cuenta en Rapidshare, para compartir musica o archivos pesados (ya nos dieron de baja Megaupload).
Una cuenta en Mediafire para tener una alternativa a Rapidshare.
Una cuenta en Yousendit.com nos puede sacar de algún apuro cuando querramos enviar un archivo muy pesado.
Una cuenta en Carbonmade para armar un lindo portfolio rapidamente.
Una cuenta en paypal.com es necesaria y fundamental.
Una cuenta en mercadolibre para conseguir buenos precios.
Una cuenta en ebay.com para conseguir lo que no se consigue en Argentina.
Una cuenta en Taringa para conseguir lo que no podemos pagar.
Una de Flickr, porque allí arancamos con la fotografía y da pena darle de baja.
Una en 500px para castigar a Flickr por ser tan pelotudos de perder el liderzgo, por no innovar en la interface y por ser tan pacatos censurando fotos artísticas con desnudos, mientras prolieran cientos de miles de cuentas pornográficas.
Otra cuenta en 1x.com por lo mismo de arriba.
Una cuenta en Ipernity porque es como Flickr pero mejor y sin censura, y el blog de es de primera, y rankea perfecto en Google.
Una de Zurker para probar la nueva red y porque nos propone ser "dueños de la red".
Una en Pinterest porque es cool, bonita y fácil de navegar (simple y maravillosamente ingenua).
Una de Pinwheel, porque dicen que es muy original.
Una en Picasa para subir pedorradas o fotos caseras, o para alojarlas on line.
Una cuenta en nuestramirada.com para finalmente tomarse en serio la fotografía.
Una cuenta en multimagen.com para tantear como anda la fotografía argentina.
Una cuenta en istockphoto para comprar fotos para nuestra web y folletos.
Una cuenta en Gravatar.com para que podamos admnistrar los iconitos de nuestros comentarios en blogs multiplataformas.
Una cuenta de gmail nos abre las puertas a todos los servicios de Google, gtalk, calendar, wave (discontinuado), buzz (discontinuado), Knol (discontinuado), (después de todo no son tan exitosos los servicios de Google ¿no?).
Una cuenta en el perióidco clarin.com.ar para opinar en los foros.
Una cuenta en el periódico lanación.com.ar para opinar en foros.
Una cuenta en el periódico pagina12.com.ar para saber el punto de vista oficial del gobierno de turno (qué triste cuando un periódico pasa de oposición a servil oficialismo)..
Una cuenta en Wikipedia para aportar con el saber y organización de la gran enciclopedia popular.
Una cuenta en youtube resulta hoy fundamental para recopilar opiniones, conocimientos varios y escuchar música.
Una cuenta en Vimeo, una variación de youtube pero mucho más cool.
No tenemos cuenta en Devianart porque siempre nos pareció algo muy parecido a Myspace.
No tenemos cuenta en Myspace porque siempre fue un caos incómodo e incompresible (así les fue...)
Una en artelista porque es el portal de las galerías de arte.
Una en Fictionciy.net para probar... porque dicen que es la red social "para artistas".
Una en Picasso.net igual que la anterior, pero fue la primera...
Una cuenta en Wordpress, el mejor sistema de blog y administración de contenidos on line.
Una cuenta en Blospot, para los blogs secundarios y porque hay que matizar el tráfico y el público de wordpress, además rankea bien en Google.
Una cuenta en Tumblr, para intentar asimilar el minimalismo en la comunicación y porque hay algunos fricks interesantes.
Una cuenta en clarin blogs para tener audiencia y potenciar el rankeo en google.
Una en Mundopoesia.com, para despuntar el vicio de escribir.
Una en Delicious para mantener ordenadas nuestras webs y preferencias.
Una en Netvives, porque es el sumun de la indexación.
Cinco o seis cuentas en foros temáticos, porque de vez en cuanto intentamos aprender o algo o decir cosas para que nos festejen.
Cinco o seis en portales que prometen encontrarte la pareja perfecta de tu vida, o de una noche.
Una cuenta en el Portal de Opera Browser, porque nos la encajaron cuando instalamos el navegador, y porque es necesaria para sincronizar sus contenidos.
Y, lo más importante casi... una cuenta bancaria para pagar las chucherías que compramos y la suscripciones pagas a los portales de que funcionan por abono.
Cuando terminaste de cumplir con las responsabilidades de tu atareada y activa vida virtual, te vas a dormir para mañana poder empezar un nuevo día en la red. Al fin de cuentas, se trata de hacerte la vida más fácil ¿no?
El Primer Ministro británico, David Cameron, ante la acusación que recibió del gobierno argentino de ser una potencia colonialista, declaró que Argentina es un país "mucho más colonialista", porque no respeta el derecho de autodeterminación de los habitantes de las Islas Malvinas.
Este infantil argumento desestima el hecho de que la población de Malvinas es de origen inglés, y que llegó a la isla como resultado de una invasión. El derecho de autodeterminación no puede ser ejercido por invasores, quienes siempre estarán haciendo uso del derecho que les da la fuerza.
Pero tras la declaración de Cameron, que tiene forma de comparación, hay una revelación. Dice Cameron: "La Argentina (...) es mucho más colonialista..." O sea que según Cameron, el Reino Unido es colonialista, pero la Argentina lo es mucho más.
Desenmascarado el Reino Unido solo resta evaluar cuánto más colonialista puede ser la Argentina.
Mientras se dan estas escaramuzas y discusiones diplomáticas y se cuestionan los derechos de pesca y explotación petrolífera de los mares del sur, todo el conflicto de Malvinas adquiere la forma de pantomima al conocerse que los Kirchner han entregado el petroleo patagónico a la British Petroleum hasta el 2047.

He sufrido la transformación más radical. De ser un hombre lleno de alegría, humor, entusiasmo y optimismo, quedé sumido en una total oscuridad desde que mi hija murió en un accidente de tránsito. Ella tenía tan solo quince años. Fue una flor que no alcanzó a abrirse.
Pasaron ya veinte años desde que mi princesita, mi capullo de rosa, me dejó y quedé sumido en la más espantosa nostalgia y melancolía. Siempre oscuro y callado, apocado, consumiéndome por dentro, muriendo un poco cada día.
Cada noche, incomprensiblemente, lloro en silencio, y cada mañana despierto con la única meta de soportar el dolor tan solo por ese día. No pienso en el futuro, no pienso en el día siguiente, ni en la próxima semana. No tengo planes, proyectos, aspiraciones ni metas fuera de soportar el dolor.
Mi esposa sabe que no puedo hacer otra cosa, y me respeta en silencio. Sé que ella vive en su propio infierno, del cual formo parte.
Deseo con toda mi alma que pase el dolor. Deseo ser otro, ser feliz y dar amor, pero estoy vacío y sin fuerza.
He llegado a comprender y aceptar que viviré dolido el resto de mi vida. Se que de este infierno solo me librará la muerte.
El dolor me ha quitado muchas cosas. Ha sepultado mi carrera profesional, ha apagado el amor por mi esposa, me ha hecho indiferente al amor de mi hijo (solo Dios sabe cuánto lo compadezco) y me ha hecho insensible al cariño de mis amigos. En mi indolencia hacia mi prójimo no hay desdén, ni odio, ni resentimiento, tan solo una profunda imposibilidad de dar y recibir amor.
Como cada hombre sufriente, me he preguntado por el sentido del dolor. He leído a autores y libros sobre filosofía, religión, historia, autoayuda, judaísmo, budismo, new age, y he leído la Biblia. No he encontrado respuestas definitivas, pero he comprendido que en un mundo injusto e imperfecto, el dolor es inevitable. El apóstol Pablo reconoce que en este mundo no dejaremos de tener aflicciones. Tomás de Aquino dice que el dolor es inherente a la condición humana y que sólo por él somos capaces de reconocer lo que nos falta. Jesús llamó bienaventurados a los que lloran, porque serían consolados. Nietzsche afirma que quien sufre está en una situación de ventaja con respecto al que no y considera que el dolor es necesario y deseable. Pero cierta declaración de Oscar Wilde en su sentido libro "De Profundis" me abrió los ojos: "Los sacerdotes y demás personas que emplean sin discernimiento frases sin sentido, hablan a veces del dolor como un misterio. En realidad el dolor es una revelación, pues por él uno conoce aquello en que nunca se había pensado, y se considera la historia bajo un muy distinto punto de vista."
He podido comprobar que el dolor nos conecta con una realidad escondida para el mundo del consumo y la trivialidad. El dolor es, efectivamente, una puerta a una más completa y real percepción del mundo, el dolor es una revelación existencial. Gracias al dolor, siento la inmensa tragedia de ser parte de un mundo injusto que no me es indiferente.
La sociedad, o más bien, el sistema, no necesita personas que sufran, sino capaces de ser felices, porque para producir y consumir es necesario ser feliz, creerse feliz, o creerse que alguna vez uno llegará a serlo.
Inservible para la sociedad, yo continuo con mi oscura vida, día a día, soportando, leyendo, reflexionando, haciendo preguntas, buscando respuestas, llorando en silencio y elaborando conclusiones. Soy un hombre consciente, sensitivo, de amplia percepción y de ojos y mente abierta. Veo al mundo como acaso nadie lo vea. Creo haber haber obtenido la mirada de Dios, o de un dios. Soy, sin duda, un elegido.
Nada, nadie, ni ninguna de estas revelaciones me devolverán a mi hija.
A Eduardo Hernández, con afecto.

No está la justicia en las palabras de la ley.
Alonso de la Torre
ntis, en su cuento "Hotel Recuerdo"(*), recrea el personaje del imaginario poeta Martín Ignacio Dobral, quien es recordado por otro personaje, Rodrigo Lagarza, empeñado en escribir una biografía sobre él. No se cuenta mucho sobre el poeta, pero Lagarza lo describe como un antiguo amigo de su familia y cuenta esta anécdota: "...De niño tuve la suerte de conocerlo, era un amigo de la casa. La última vez mi padre estaba en cama, y él se quedó conversando con mi madre y conmigo, en la cocina. En el momento de partir insistió en saludar a mi padre. Subió las escaleras y saludó desde el umbral: «Considéreme un sueño que viene a despedirse». No dijo más. Esa noche tomó el tren a Luján y a la mañana siguiente, después de pasar la noche escribiendo cartas incomprensibles, se pegó un tiro. Al parecer una novia lo había abandonado."
Para que nada nos separe que nada nos una.
Pablo Neruda
Al llegar recibimos los saludos, frases circunstanciales y corteses sonrisas del caso. "¡Hola, pensamos que no llegaban!", "¡Casi empezamos a comer sin ustedes!", "¡qué bien te queda ese bronceado!", etc.
Me ubiqué como pude con mi esposa e hijos en los espacios que habían quedado sin ocupar en un extremo de la larga mesa.
Cuatro generaciones reunidas en una sola mesa: abuelos, madre, hermanos, tíos, hijos y nietos. Más de una veintena de personas dispuestas para comer un suculento asado.
En estos casos, es necesario y fundamental tener a los hijos a mano, para poder atenderlos para que coman bien y para defenderlos de los embates de mi suegra, que eternamente actuará como si no supiéramos ni fuésemos capaces de educar bien a nuestros hijos, y de los tíos y tías solteros o sin hijos, que con sus dichos y actitudes sostienen que a los niños hay que tratarlos con dureza y con rígidos límites, y de un modo u otro insinúan su creencia de que ellos serán mejores padres de lo que lo somos nosotros. Parece que se hubieran olvidado de que hace a penas diez años ellos mismos eran chiquilines malcriados e insoportables, y hoy, son incapaces de dar un fruto distinto al que aprendieron de sus padres y abuelos, reivindicando con sus opiniones ese modelo de crianza decadente y retrógrado que tanto criticaron de adolescentes, que tanto mal les hizo y que es motivo de tantas horas de terapia.
Conozco muchos casos de este tipo, de pedantes hipócritas que se la pasan quejándose de los hijos ajenos, y que luego de tener su primer hijo deciden no tener más porque no saben como manejarse ni en las cosas más ínfimas y cotidianas. Si sus hijos no tienen la fortuna de tener carácter fuerte, crecerán llenos de complejos y con baja autoestima.
Sea como fuese, el hecho es que para no exponer a los niños a los exabruptos de estos inútiles teóricos de la crianza, es necesario y fundamental mantenerse cerca de ellos para evitar y poner freno a sus embates e iniciativas.
Todavía no empezamos a comer y ya me encuentro en ese punto en donde siempre me pregunto para qué carajo decidí venir...
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Microcosmos familiares - Almuerzos poblados
por Fernando M. Sassone
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Esta es una nota sobre unas torres de vivienda, que escribí por pedido y encargo de los constructores para que se publique en el diario Clarín, en el suplemento de Arquitectura del diario Clarín, (Buenos Aires, Argentina) en la edición del 29 de nov¡embre de 2011.
Un complejo en donde las unidades de vivienda adquieren el mayor protagonismo.
Dos torres simétricas, espejadas, dominan una privilegiada panorámica sobre el tradicional barrio de Ramos Mejía en la Zona Oeste.
Se trata del emprendimiento Torres Florencia, un proyecto desarrollado por Fideicomiso Ramos Mejía, Estudio Parq y Forensa S.A.
Por sus características y ubicación, el proyecto se ha propuesto constituirse en una alternativa de viviendas de calidad y accesible para un amplio público.
Resulta interesante verificar que, a pesar del contexto de un mercado con una fuerte tendencia hacia la normalización y estratificación de la oferta en propiedad horizontal, existan proyectos que se atrevan a salir de ese molde.
Implantadas en un gran predio de casi 3500 m2, las torres ocupan menos del 30% de la superficie del terreno. Dos volúmenes máclicos de diecinueve niveles combinan vanos y sólidos en una serie de terrazas, semicubiertos y aventanamientos que denotan la preponderancia dada por los proyectistas y desarrolladores a la relación de las unidades de vivienda con el exterior.
Las fachadas muestran la interrelación de varios volúmenes desarrollados verticalmente que otorgan una apariencia de solidez y un clásico aire tectónico. Algunos de estos volúmenes nacen sin basamento desde el nivel cero, otros, los que alojan las terrazas y balcones, llegan al suelo con sutiles pilares. Algunos de estos volúmenes concluyen conforme las torres crecen en altura otorgándoles una apariencia más esbelta. El coronamiento es simple, ascético, apenas una cornisa remata las torres.
Una cuidada plaza se dibuja en el nivel cero, por encima de los dos niveles de cocheras que pueden resguardar 140 vehículos. El gran espacio central entre las dos torres sirve de atrio y brinda acceso a los seis ascensores, dos de los cuales son de dimensiones dobles.
El complejo incluye servicios e infraestructura de alta gama, seguridad y control de accesos, plaza, solarium, gimnasio, vestuarios, pileta climatizada, salones para diverso uso (reuniones, lectura, etc.), lavandería, cocheras, estacionamiento de cortesía y bauleras.
En cuanto a las unidades de vivienda, son el corazón del proyecto. Todas las unidades son externas, con balcones y terrazas, amplias vistas y muy buena aireación. Los balcones y terrazas semicubiertas representan entre un 10% y un 15% de la superficie de las unidades. Las unidades cuentan con calefacción individual por radiadores, sanitarios, grifería, placares y muebles y artefactos de cocina completos.
"Nos hemos abocado y concentrado en maximizar las posibilidades y calidad espacial de cada tipología de vivienda. Hemos querido ofrecer diversidad en el diseño en unidades de dos, tres y cuatro ambientes, siempre con generosos metrajes, valorizando la amplitud y luminosidad." explica el Arquitecto Horacio Raffo Quintana, director de obra y responsable de las modificaciones y adaptaciones de la segunda etapa del proyecto.
Con el 100% de las unidades vendidas de la primera torre, en etapa de finalización, la obra de la segunda torre avanza a un ritmo parejo y constante.
"Hemos volcado toda nuestra energía en lograr la máxima calidad en cada uno de los detalles: cielorrasos, cerramientos, solados, instalaciones, revoques y pintura. Entendemos a la arquitectura, no únicamente como un diseño en planta que se levanta, ni como una bella fachada, sino como el resultado de la sumatoria de todas las decisiones de diseño, funcionales y constructivas y su materialización. La arquitectura se concibe en el plano, pero se realiza plenamente en la obra y ese es nuestro desafío" comenta Raffo Quintana.
La importancia logística del complejo no es menor. A metros de la estación Ramos Mejía y de numerosas líneas de colectivos, con rápidos accesos a la Av. Gral. Paz y la Autopista 25 de Mayo, constituye un enclave estratégico para la movilización desde y hacia la Capital.
Torres Florencia, es un complejo de viviendas que nunca pierde de vista el hecho fundamental de que, pese a la cantidad de servicios de última generación que una propuesta arquitectónica e inmobiliaria pueda ofrecer, es la unidad de vivienda el espacio final y el momento último en donde se materializa la tan humana costumbre de habitar.
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Fernando M. Sassone
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Hay rastros de Oscar Wilde en la prosa, y especialmente en las descripciones, de Jorge Luís Borges. El maestro de la ficción, paga su tributo al genio irlandés en una magistral reseña, en la cual, luego de reconocer, y refutar, las más comunes adjetivaciones, ensasillamientos y acusaciones de la crítica a Wilde, exalta su figura proclamando su perfecta simplicidad, su justeza, su calidad técnica. Dice Borges: "Leyendo y releyendo, a lo largo de los años, a Wilde, noto un hecho que sus panegiristas no parecen haber sospechado siquiera: el hecho comprobable y elemental de que Wilde, casi siempre, tiene razon."
Concluye luego "...Wilde es de aquellos venturosos que pueden prescindir de la aprobación de la crítica y aun, a veces, de la aprobación del lector, pues el agrado que nos proporciona su trato es irresistible y constante.
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Comentario de "Sobre Oscar Wilde", de Jorge Luís Borges
Por Fenando M. Sassone © 2011
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[luego de mirar a su alrededor y examinalo todo, de meditar en silencio y contemplar su propia imágen congelada retorciéndose en la cama de hospital]
...Ahora comprendo lo que sucede: voy a morir.
Esta sería una antesala de mi muerte, un confesionario, en donde puedo reflexionar.
Entonces, finalmente, el gran Edgar, el pequeño y querido Eddy, el repudiado Poe, el segregado y maldito poeta que maravilló a su público y exasperó a sus colegas, termina su vida.
Sé que muchos sentirán alivio, otros se sentirán satisfechos, y pensarán o dirán que mi vida no podía terminar de otra manera. Y no muchos lo lamentarán. Yo no lo lamento.
Dijo Mozart en su lecho de muerte que "empezaba a ver lo que podía hacerse en música". Pero ese no es mi caso. Yo me despido de este mundo, a los cuarenta años, con la certeza de que no tengo nada más que ofrecer.
Cuarenta años... tal vez no sea mucho, pero es suficiente. ¿Para qué prolongar tanto sufrimiento?
Mi vida no fue un ejemplo de virtud, lo reconozco. He vivido sujeto a mis limitaciones. He sufrido lo que mi cuerpo y alma han podido soportar... no mas, y no quiero más...
Ahora, cerca del fin, que me invade esta extraña y placentera paz, ya no quiero regresar a mi torturada vida donde siento el desprecio, el desdén y mezquindad de mis semejantes, donde vivo cautivo de mis debilidades y de mis vicios (que son una enfermedad). Este es mi... "Nevermore".
Mi muerte es sin duda un acto de piedad y caridad del Creador. ¡Cuántas lo imploré! Dos veces, si... dos veces intenté suicidarme. El miedo, la desesperación, la desesperanza, y finalmente la cobardía, obraron trágicamente en mí. Estoy seguro de que de haber estado preparado para morir lo hubiera logrado. Pero no era mi momento. Ahora es mi momento, y aunque yo mismo me adentré en este callejón, ahora es Dios quien me recibe. ¿cómo explicar si no este milagro de lucidez cuando hace unos momentos estaba irremediablemente poseído por el delirio y locura? Esta oportunidad de reflexión y arrepentimiento es un acto de amor y piedad del Altísimo. Si... eso es...
[Piensa en silencio, pausa, camina, y luego recobra el monólogo con énfasis, imaginando fantasiosamente]
Y sin embargo, hubiera sido bello llegar a anciano y paladear la cosecha de mi éxito literario...
[Desencantado]
Pero ¡qué poco importa eso de cara a la eternidad!... De cara a la eternidad... siento un ansiado alivio, como el que habrá sentido tal vez el sacrificado corredor de Maratón al concluir su carrera mortal.
Cuando llegamos a nuestra meta, cuando cumplimos nuestra misión, lo vivido y lo sufrido no parece tan grave. ¡Qué relativo es todo!
Pero debo reconocer, debo confesar, que no he sido capaz de llevar mis cargas, pesadas o no, dignamente. Pero no me importa. En este punto solo añoro el descanso eterno.
[Aterrorizado]
Pero como un demonio que sueña.. temo que al despertar de este sueño, empiece el verdadero horror. Mi entrada a la eternidad, podría ser el ansiado final de todas mis pesadillas, o podría ser... el despertar a todos los horrores alguna vez imaginados.
¡Oh!, ¡Dios se apiade de mi alma!
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Extracto de la obra "Darkness on music (el último minuto de Edga Allan Poe)"
por Fernando M. Sassone
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Diseño gráfico del afiche: Fernando M. Sassone - www.elbosco.net
Ilustraciones por: Mariana Busch - www.simplisimus.com
–Recién empieza la tarde y ya llené el bolsón. Lo dejo con mamá y me voy a los billares. Pero si viene la lluvia me arruina el plan. Espero en la terminal de micros hasta que termine de llover. ¡Uy! ¡Se largó!
El micro ya tiene cuatro horas de atraso, o más bien, no tiene hora de llegada... los ríos desbordan e inundan las rutas, y los micros no pueden pasar. Estoy sentado en el suelo de la estación terminal de Villazón, recostado sobre mi mochila. Se larga a llover. A lo lejos veo a un pequeño muchacho corriendo con un gran bolsón en la espalda. Un bolsón evidentemente más grande que pesado, que lleva como quien tiene el oficio para hacerlo. Finalmente llega y se guarece bajo el techo de la estación. Es un muchachito de entre diez a doce años. Es difícil calcular la edad de los chicos callejeros. Al menos en Buenos Aires, la calle endurece los rasgos de los niños. Pero acá todo es muy distinto, el clima, la gente, las razas, y conozco menos el porqué de las cosas.
El muchachito baja el bolsón y se sienta sobre él. Sus ojos son tristes, o cansados, o quien sabe cómo. Uno siempre imagina que un niño que trabaja es un niño triste. Me levanto simulando naturalidad y me acerco a él como quien no quiere la cosa. Me presento, e iniciamos una linda conversación. Le pregunto sobre su familia y su trabajo. Se llama Alfredo, Alfredo García. De mañana va al colegio, a la tarde ayuda a su familia recolectando cartón. Es gentil, habla bajo, suave y dulce.
Pasa un vendedor ambulante y le pido dos helados. Alfredo lo agradece. Seguimos charlamos. Me cuenta que tiene varios hermanitos y que le va bien en la escuela. Le pregunto si puedo hacerle un retrato, y me dice que sí. Posa quieto, mira directo al lente y espera el disparo. Hago la primera toma y se relaja. Cuando ve que intento hacer otra se pone tímido y baja la cabeza. Hago la segunda foto y siento como si estuviera robándole algo. Guardo mi cámara y seguimos charlando. Sigue lloviendo. La tarde es silenciosa y tranquila. El tiempo parece detenido. El helado se termina rápido.
–¿Qué va a hacer con la foto, señor?
–Voy a mostrarla en Argentina, para que vean cómo se vive en Bolivia y las cosas lindas que hay.
–¿Y a quién se la va a mostrar?
–No se... a mis amigos, mi familia, y a algunas personas que no conozco. –Se quedó un momento en silencio y me preguntó:
–¿Y qué van a decir de mi?
–Eh... no se... mmm... seguramente dirán que sos un muchachito muy guapo y trabajador, con unos ojos profundos como la tierra. –Otra vez se quedó en silencio y luego dijo:
–Pero yo nunca voy verlos a ellos... –Y ahora soy yo el que se queda en silencio un momento, y luego le digo.
–Si te parece, puedo poner tu nombre cada vez que muestre tu foto, así siempre van a saber quien sos. Y tal vez alguna vez te encuentres con tu foto. Y tal vez alguna vez volvamos a encontrarnos.
–Sí, podemos volver a vernos y charlar otra vez.
–Y tal vez para entonces vos seas un muchacho grande o un hombretón, y yo un viejito.
–Si, porque las fotos duran mucho. Yo tengo una foto de mi abuelo que ya murió.
–Mirá vos...
–Ya dejó de llover, tengo que irme a los billares. Gracias Señor.
–¡Chau amiguito! –Quedé pensativo y en silencio, la conversación había sido hermosa, y no estaba listo para la despedida.
–Eh... Alfredo, ¡esperá!. –Se dio vuelta, bajó el bolsón– Dejame sacarte una foto más, para recordarte bien.
–-Soltó el bolsón y se paró tranquilamente, la mano en el bolsillo, mirando a la cámara. Parecía un hombrecito. Pensé que no lo volvería a ver y sentí nostalgia. Saqué la foto y lo despedí. El cargó la bolsa y se fue.
El micro no llegaba. Pregunté en la boletería y me dijeron que tenía ocho horas más de retraso. Cargué mi mochila y me fui a pasear por la ciudad.
No tenía ganas de irme, Villazón es una ciudad hermosa, llena de vida, pintoresca, diáfana. Está tan cerca de Argentina y es tan distinta, exótica... Caminé el resto de la tarde, conocí a algunas personas más y saqué algunas fotos. Se hacía tarde y juzgué conveniente estar cerca de la estación antes del anochecer. Emprendí el regreso con el recuerdo de Alfredo y la charla que mantuvimos. Me preguntó quién vería su foto, si pensarían en él, si él vería alguna vez a quienes vieran su foto... Eran preguntas tan simples y tan profundas.
Ya cerca de la terminal me encuentro con una amplia calle plagada con mesas de metegol y minipool. ¡Eran los billares! Busqué a Alfredo y lo encontré enseguida, jugando con un amigo. Fue como encontrarme con un viejo amigo. Desde entonces siempre espero reencontrarlo.




No había ningún medio de transporte que la llevabara hasta Uyuni, pero ella no se quejaba, sabía caminar bien esa distancia, incluso como ahora, cargando además de sus artesanías, a su pequeño hijo. Eran diez kilómetros a campo travieza.
Cuando llegó a las afueras de la ciudad se encontró con las calles inundadas. No le sorprendió, incuso lo esperaba, era cosa normal para esa época del año. Ella sabía qué camino tomar para no mojarse. Cambió su rumbo y al doblar en la primera esquina vio a un turista.
–A estos gringos se los reconoce al momento, porque andan con sus cámaras de fotos todo el tiempo, porque miran lo más común con ojos desorbitados. Lo más cotidiano les parece formidable. Una mujer común, como yo, con su hijo a cuestas, es para ellos digna de una foto.

Uyuni - «Impresiones de Bolivia»
Fotografía: © Fernando M. Sassone - www.fs.singularidad.org

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Fernando M. Sassone
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He visto cómo un hombre lleno de alegría, humor, entusiasmo y optimismo, quedó sumido en una total oscuridad luego de la muerte de su hija adolescente en un accidente de tránsito. Pasaron casi veinte años y aún suelo verlo, siempre oscuro y callado, apocado, consumiéndose por dentro. Me entristece recordar cómo era antes de la tragedia.
¿Por qué o para qué sufrimos? Cada generación se pregunta por el sentido del dolor. No hay respuestas definitivas. En un mundo injusto e imperfecto, el dolor es inevitable, pero nos conecta con una realidad escondida para el mundo del consumo y la trivialidad. Para producir y consumir es necesario ser feliz, creerse feliz, o creerse que alguna vez uno llegará a serlo. El dolor, el sufrimiento y la tristeza no mueve el carro del sistema capitalista, no producen, no venden.
Pero en todos los casos, el dolor se presenta como una alternativa para la reflexión. Nos conecta con el sentido de la vida, con nuestra esencia mortal. Soportamos el dolor deseando que pase, y comprendiendo a veces que hay dolores que nunca pasarán con los que se vive por el resto de la vida.
Es así que el dolor nos cambia, puede hacernos crecer, madurar y envejecer, puede enseñarnos y fortalecernos, o puede también sumirnos en un infierno en vida del que solo nos librará la muerte.
Dijo Oscar Wilde en "De Profundis":
"Los sacerdotes y demás personas que emplean sin discernimiento frases sin sentido, hablan a veces del dolor como un misterio. En realidad el dolor es una revelación, pues por él uno conoce aquello en que nunca se había pensado, y se considera la historia bajo un muy distinto punto de vista."
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A la memoria de Rodolfo Busch (1941-2011)
Hace unos días, el pasado y el drama vinieron a mi encuentro cuando saliendo del cine, me encontré con la esposa de un viejo compañero de lucha. Casi treinta años habían transcurrido desde la última vez que la había visto y muchas cosas nos habían atravezado desde entonces: algunos compañeros, caídos en batalla, otros compañeros, amigos y mi propio padre, habian sido asesinados. Todo esto volvió a mi mente y mucho más, cuando conversando con ella me entero de la razón por la que no corrí la misma suerte que mis compañeros. Volveré sobre este tema más tarde, antes es necesario exponer las cosas ordenadamente para que esta revelación sirva como final del relato.
Aquellos eran tiempos muy distintos, la realidad era otra, o la veíamos de otra forma, las ideas eran gigantescas.
Cuando uno tiene la gracia de vivir muchos años conservando una visión crítica, puede ver cómo cambia el espíritu de los tiempos y, con él, las aspiraciones de las personas. Se ven surgir nuevos problemas y necesidades mientras que otros siguen siendo los mismos. En cada época, la percepción y interpretación de la realidad son diversos, diversos los enfoques, las soluciones, las respuestas y las iniciativas para afrontarlos o confrontarlos.
Hoy, con sesenta años en mis espaldas y después de haber estado en el centro del huracán de mi generación, me siento finalmente al margen de la mayoría de las cosas que suceden en la sociedad y me siento, en algunos aspectos, vencido. Pero ese sentimiento no me engaña, es una ilusión derrotista. Se que he sido y sigo siendo fiel a mí mismo. He mantenido mis ideales incólumnes y sigo reivindicando nuestra lucha. Aquella lucha por un país más justo y soberano, era una lucha social, colectiva, de masas.
Esos ideales, muchos los creen terminados, anacrónicos, utópicos, irrealizables, y creen que todo aquello ha desaparecido, engañados por la declaración de la muerte de las ideologías y cansados por el uso panfletario que el actual gobierno hace de aquella gesta. Pero se equivocan, la lucha no ha terminado, los ideales siguen vigentes, y muchos de aquellos luchadores seguimos aquí, a pie de cañón, afrontando día a día los embates del sistema.
Pero no todo es igual, la lucha se trasladó del ámbito público al privado, del colectivo al personal, y muy especialmente, al ámbito íntimo. Porque la revolución más exitosa de nuestra vida, fue aquella primera revolución que nos cambió por dentro, cuando, adolescentes, abrimos nuestros corazones a los más altos valores de igualdad, solidaridad y justicia. Esta preciada revolución es la que requiere del mayor esfuerzo y cuidado para sostenerse.
La lucha no ha terminado, ¿cómo podría terminar? No, más bien se ha recrudecido. Muchos, muchos realmente, han caído, sucumbiendo a los deseos egoistas de bienestar personal, a los anhelos materiales, al confort y al consumo. Son muertos vivientes que se han acomodado de manera de esperar la muerte lo más confortablemente posible. No es ese mi caso, pero reconozco que esa corrupción personal que degrada el alma, esa supresión de la revolución interior que es la más íntima de las traiciones, es además, la mayor y más definitiva derrota que haya sufrido nuestra causa, y mi generación. Dijo Napoleón: «La batalla más difícil la tengo todos los días conmigo mismo». Esta declaración del corso me produce una descarnada impresión y la tengo presente cada día, en el trajín del cotidiano vivir. (...)
Extracto inicial del cuento "Entre la Utopía y la traición"
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por Fernando M. Sassone
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