Ver un amanecer desde el piso 23 del hotel Tryp Gran Sol de Alicante es una experiencia extraordinaria. La orientación del hotel, donde me encontraba alojado durante los dos siguientes días después de la Navidad, permite tener un campo de visión privilegiado desde el cual se ve la marina deportiva de Alicante, el horizonte y sobre todo el mar. Los colores rojos, sangre, rosas y violetas se mezclan con tonos azules de las nubes cuando entre prisas de hacer el equipaje y ganas de quedarse y terminar de ver la salida del sol abandono Alicante con destino a Ibi.

Ibi es un pequeño municipio a unos 50 km de la costa donde todos los años, cuatro días antes de la noche vieja, una tradición de más de 200 años de antigüedad permite a unos golpistas estrafalarios tomar el control del consistorio y de todo el pueblo para instaurar su propia ley por un día con el fin de recaudar fondos por una buena causa.

Me temía que no llegaría para el inicio de la tradicional toma del Ayuntamiento, pero afortunadamente todo empezaba a las 10:00 para dar tiempo a las fuerzas del nuevo régimen a desayunar bien antes de meterse en faena. En frente del Ayuntamiento les esperan cámaras de televisión, fotógrafos u otros ciudadanos que aguardan la llegada de “Els Enfarinats”.

Los enharinados visten trajes improvisados de policías, guardias civiles, burgueses y etc, y también tienen un secretario que porta un cuaderno enorme donde levanta el acta de todo lo que sucede y un alcalde que este año fue Ramón Bernabeu. Tras obtener de la legítima alcaldesa Mayte Parra Almiñana el báculo del poder se descubre que el mandato de los que persiguen “Justicia Nova” no está exento de oposición como suele pasar. Ésta no está nada conforme con la nueva ley promulgada por los golpistas que lo prohiben todo: “No se puede ir ni por los tejados, ni por la calle, ni por la sombra ni por el sol”, y aquellos que vulneren la ley serán encarcelados o multados. Las penas pecuniarias impuestas, aunque sean totalmente voluntarias, se recaudan con el fin de destinarlas este año para necesidades del Asilo de Ancianos San Joaquín del pueblo.

Los enfarinats divididos entre los golpistas y la oposición empiezan una encarnizada lucha, donde huevos, por docenas, sirven de armas arromadizas que explotan al entrar en contacto con caras, cabezas y cuerpos de los combatientes y no sólo ellos. Los cámaras, entrevistadoras monísimas de televisores autonómicas, pobres fotógrafos huyen despavoridos para evitar que los 1000 kg de harina utilizados durante toda la batalla en la escalinata de la iglesia de la Transfiguración del Cristo entren en contacto con sus preciosas lentes, equipos de grabación y micrófonos. Después de la harina y los huevos viene la fritura – cajas y cajas de petardos, cohetes u otros inventos rellenos de pólvora que tanto unos como otros encendían sin cesar dejando la plaza hecho un “Cristo”.



Hablé con varios compañeros fotógrafos profesionales y aficionados. Los primeros armados con los 70-200 de turno preferían fotografiar desde la relativa seguridad que ofrece la distancia, mientras que algunos aficionados entre los cuales me incluyo nos metimos de lleno entre los combatientes (no tenía otra opción, si se quiere sacar algo bien con un 17-35 o te metes o vuelves a casa). Aunque yo creía que me había preparado a conciencia, algunos otros lo estaban mejor, mucho mejor. Mi chubasquero de “20 duros” no me sirvió de mucha protección cuando uno de los primeros huevos tirados por algún listillo casi me da en la cabeza. Acabé lleno de huevos y harina igual que la Nikon D700 (tengo un par de quemaduras de petardos en la piel que lo demuestran). Quería poner a prueba la estanqueidad y dureza de la cámara. Sorprendentemente a pesar de polvo por doquier, harina y huevos ésta seguía funcionando perfectamente, aunque la próxima vez me lo pienso antes de darle tanta caña.

Si tenéis la oportunidad de visitar Ibi el año que viene, os recomiendo “Els Enfarinats” como una oportunidad para divertirse y pasarlo bien.