Mi abuelo fue artesano del tiempo. Mi padre, también. Creaban y reparaban maquinarias para contar las horas, minutos, segundos. Desde las más bizarras y antiguas hasta las más sofisticadas. Todas ellas, mecanismos diseñados y fabricados especificamente para dar forma al tiempo.

Mi casa estaba y está llena de relojes de todo tipo, cada uno marcando una hora distinta, algunos parados, otros sonando sin parar... bonitos, feos, baratijas o auténticas reliquias del pasado. Piezas mecánicas amontonadas en un taller que ya no existe más que en algunas fotos y en mi imaginación. Herramientas y trabajo duro, noches sin dormir... en el pasado pasaba igual que en el presente: el tiempo no paraba, y muchas veces faltaba tiempo para dejar lista una nueva "máquina del tiempo".

Crecí con una muy particular idea del tiempo: el peso y el paso del tiempo me oprimían. Grandes preocupaciones por el tiempo perdido, por no saberlo aprovechar, por envejecer, por el paso de los días, los meses, los años, el tiempo se me escurre entre los dedos y pierdo el momento para siempre. Y la muerte.

Los artesanos del tiempo, aprovechando cada minuto trabajando como hormiguitas en su cerrado mundo de manecillas, destornilladores, extraños mecanismos, planos y agujas de reloj, jamás hubieran querido para mí una espléndida carrera como perdedora de tiempo.

Cuento los minutos, horas, días, meses, y me duele que se vayan. Noto un vacío inexplicable en mi presente de horas perdidas. Por motivos que no alcanzo a comprender aún, estoy obligada a pasar demasiado tiempo pensando en el tiempo que pierdo. Intento aprovechar ese tiempo mentalmente, estimulando mis neuronas, pero sólo consigo pensar demasiado y no concretar nada. Pruebas de la vida, indescifrables, insuperables. Yo soy la dueña de mi tiempo, pero noto como los segundos gotean en mi frente densamente, dolorosamente, controlándome para seguir en ese estado de pérdida constante... de vida. También noto como se posan en mí las miradas indiscretas de los demás: los que aprovechan el tiempo o, al menos, lo parece. Los que critican, los que hablan por hablar...

No quiero seguir siendo perdedora por mucho tiempo más, quiero que mis predecesores se sientan orgullosos de mí, aunque tampoco me interesa la artesanía...

¡Yo lo que quiero es ser artista!

:D