Tengo la sensación de que ya no estoy de vacaciones. Ha venido todo el mundo del pueblo, de sus fantásticos viajes a la Capadocia, en coche, globo, barco o avión low-cost (si es que pueden contarlo esta vez), y se esfumó hasta dentro de un año la tranquilidad de vacío que se respiraba en Agosto, que me hacía sentir exclusivamente bien.

Todo lleno de coches, motos, bicis, comercios abiertos (y otros, definitivamente, cerrados), gente estresada de un lado a otro con sus bolsas del tupper, maletas con informes, uniformes, y con las caras largas... Me pregunto si es sano que una persona se plantee su vida de esta manera: trabajar todo el año como un robot quita-basura, sin más horizonte ni esperanza ni alegría que tener 28 míseros días (en el mejor de los casos) de vacaciones en el mes de Agosto para desvariar y hacer lo que nunca se plantearían durante el año. Y encima tirando de tarjeta de crédito, porque el sueldo de todos los meses no da para más... Me recuerda a las tiras cómicas de Mafalda, en las cuales el papá de la misma y Felipito se deprimían sobremanera al acabar las vacaciones y empezar un nuevo ciclo en el trabajo o en la escuela.

Entonces te das cuenta de lo absurdo de todo, de que no fluimos con la vida, de que nos hemos mecanizado al máximo. Habrá de todo: gente que disfrute la vida aceptándola como tal, gente indiferente, gente que se deje llevar por ella sin parar de quejarse, y gente que intente cambiar su modo de vivirla... Pero no puedo evitar pensar en una mayoría aplastante que ya hace tiempo que se rindió, dejó de luchar, y prefirió mecanizar su día a día quitando basura...

Me voy a cazar ozitous...