nadie dijo que iba a ser fácil entender por completo que cada día es un regalo. ni adquirir la habilidad de restar al tiempo sus brillos de eternidad y acostumbrarse a su nueva textura.
las nuevas reglas del juego se impusieron con violencia y por sorpresa, y me pillaron sin siquiera haber entendido las previas.
pero he de admitir que también desconocía que mi cuerpo estaba preparado para entrar en resonancia con el latir del Universo paralelo que inconscientemente habitaba, y que mi percepción de gama de matices podía expandirse sin medida en las 11 dimensiones.
incluso hubiese jurado que era imposible tocar el cielo sin perder el contacto con la tierra. . .
la partida se presenta larga e intensa. casi tanto como la sensación de satisfacción cada vez que anoto un punto en mi marcador.
y aunque a veces veas que el miedo congela mis entrañas, no temas, confía en que el Sol sale cada mañana.