A la luz de la luna y de la suave sombra, una fealdad se desplegaba y anegaba el mundo entero. Si yo fuera una ameba -pensaba-, con un cuerpo infinitesimal, podría derrotar a la fealdad, pero el hombre no es lo suficientemente diminuto ni gigante para vencer a nada.

Yukio Mishima | El marinero que perdió la gracia del mar