LA ESTACION  Por Montecristo
 
CAPITULO I
 
La estación de King Cross, en el corazón de Londres a esa hora las 8.30 de la mañana era un incesante ir y venir de gentes. Cada una con su vida,sus problemas, sus alegrias y sus miserias. Caras de sueño, hasta gestos huraños, malcarados diria yo. En aquel otoño de 1912, frío y húmedo por necesidad londinense, el humo de las locomotoras de vapor se condensaba en los altísimos techos de King Cross. El olor a carbón quemado era profundo, sabía a espesa mezcla de almizcle y sebo. No, no era agradable permanecer excesivo tiempo en la estación.
Los altavoces no cesaban de anunciar llegadas y salidas de convoyes a los más diversos destinos
-Tren 1214 con destino a Aveerden, situado en vía 14, efectuará salida a las 8.45-
machacaba una voz femenina que por lo menos era agradable aunque repetitiva. Las tiendas mas diversas ya habian abierto hacia horas y algunas de ellas habían permanecido toda la noche al servicio de viajeros. Entre ellas la cafeteria-kiosco-librería, llamada “Welcome”. Nombre no demasiado original habida cuenta donde estaba ubicada.
Estaba decorada al mas puro estilo victoriano con sus taburetes acolchados, sus sillas con arabescos y sus mesitas acogedoras y coquetas. Un largo mostrador de caoba importada de las colonias de ultramar le daban hasta cierta elegancia al local. Sobraba el humo de los muchos cigarros que se fumaban los viajeros transeúntes.
La mas variopinta clientela llenaban el local y todos mas o menos tenían una semejanza común. Evidentemente se trataba de gente trabajadora que llegaba a la gran urbe a trabajar, a solucionar papeleos, o simplemente a perderse un dia en el loco bullicio de los barrios mas increíbles de la “city”,desde los mas elegantes como My Fear a los mas deprabados como West End. En el primero abundaba la opulencia mientras que en el segundo todo era vicio, perversión y mil prostitutas.
A pesar de la mucha gente que se agolpàba el bullicio no era demasiado estridente,simplemente soportable. Muchos clientes tomaban su te matinal o café, y algunos, quizás demasiados se metian entre pecho y espalda sus primeros tragos de whisky.
La cantinela continuaba “tren numero 1412 con destino a Manchester………..”
Ella levantó la mirada del libro que estaba leyendo y miró su diminuto reloj que le indicaba que todavía era pronto ya que siguió enfrascada en la lectura.
Era una fresca belleza quizás hasta radiante en aquella triste y brumosa mañana londinense. Una figura que se adivinaba bonita, estilizada, carente de exageraciones pero con unos repartos muy en su punto adecuado. Su cara se veía menudita , redonda, labios gordezuelos, como sabrosos, y ojos azules, mechones de su cabello caian bajo el ala de su sombrero, un modelo francés de Haoute Costure, dándole un carisma apetecible pero sobre todo delicioso. Estaba sentada en una mesa con la discreción de una dama educada en buenos ambientes y su postura denotaba sencillez, austeridad y hasta cierta timidez. Su vestimenta sin ser espectacular era ciertamente elegante y su falda casi tapaba los clásicos botines negros perfectamente limpios. Una chaquetilla a juego mantenida en un erguido torso le daba una pose de seguridad pese a la timidez que demostraba su cándida mirada. Como queda dicho el elegante y sencillo sombrero adornaba su cabeza dejando caer un cortito velo delante de su frente a modo de protector de sus bellos ojos. Todo ello rematado con unas florecillas en lo alto del sombrerito.
Su gesto al tomar la taza de te demostraba su educación y su buen saber estar. Sorbió lentamente un poco del caliente brebaje y siguió leyendo.
Así pasaron diez minutos, hasta que por lo visto terminó el capitulo del libro pues lo cerró y guardó en su bolso de tela.
Consultó su reloj de nuevo y por lo visto algo le inquietaba pues no dejo de mirar por el ventanal que tenia a su izquierda y que daba al patio de la estación por donde seguía desfilando los viajeros. Volvió a mirar su reloj y repentinamente se sobresalto imperceptiblemente y su mirada se clavó hacia el exterior como hipnotizada, atraída por algo.
-Tren 812 con destino a Omblomer efectuara salida
En 8 minutos vía de cercanías……”
De pronto le vio venir, si era él, el de cada día, esa persona desconocida que jamás fallaba en su puntualidad, joven, con cara melancólica, se diría que hasta de tristeza. Vestido con chaqueta de pana y gorra de cuadros. Libros bajo el brazo y manos en los bolsillos como para resguardarlas del frio ambiente. Si, venia rápido, apenas le vería los dos o tres segundos que pasaría por delante de la ventana…… atenta le miro a los ojos, como hacia cada día desde hacia tres semanas. Llegó casi a la altura de ella y alzó la mirada como sabiendo que ella estaba alli. La esgrima de las miradas fue fugaz, rapida, tan veloz que ya no estaba a su alcance.
El habia bajado los ojos y se perdió entre el bullicio de las gentes, riadas humana de cabestros a los que ella ahora odiaba por que le impedian una mas larga visión de aquel muchacho. Y asi cada día, a la misma hora a las 8.50, dia tras dia.
Ella se levanto se puso su capa, dejo 16 chelines sobre la mesilla y pasó del bullicio de la cafeteria al desorden de la estación. Una bocanada de aire sucio de humo de carbón le hizo toser.
Se dirigió a la vía de cercanías a tomar su tren a Omblomer que saldría en 4 minutos. Como cada día desde hace tres semanas.
Sus gráciles pasos la llevaron en poco tiempo ante el segundo vagon de su tren. Un hombre de fuerte cotextura, negro y con uniforme ferroviario la saludo
-Buenos dias Miss Jeniffer- dijo el Jefe de tren tocándose la visera de su gorra con dos dedos-
-Buenos dias Sandy
La ayudo a subir al vagon y Miss Jennifer se dirigió a su compartimento el de siempre junto a la ventanilla. Se acomodó y sonrio  melancólicamente a una dama mayor que estaba sentada frente a ella. Con puntualidad inglesa a las 9 el tren se puso en movimiento, lentamente al principio con unos profundos suspiros la locomotora como un enfermo asmatico empezo a rebufar vapor y a chirriar sus ruedas aumentando su velocidad.
Jennifer volvió a abrir el libro para seguir su lectura, pero lo dejó poco después, no lograba concentrarse asi que se dedicó a mirar el paisaje verde de la campiña inglesa. El viaje a Omblomer apenas duraba 35 minutos y lo realizaba desde hacia tres meses diariamente hasta la mansión de Lord Malcom, un veterano general, ex gobernador de la provincia de Bengala. Manipur  a orillas del Océano Indico en la India colonial.
Jennifer con sus avanzados estudios de secretariado actuaba como tal al servicio del viejo General que le dictaba durante varias horas al día transcribiendo sus memorias.
Un pitido de la locomotora asustó a Miss Jennifer sobresaltándola, lo que provocó la sonrisa de la Dama sentada frente a ella. Su pensamiento volvió al muchacho de la estación a ese al que sin quererlo reconocer abiertamente esperaba cada dia a las 8.50 en los ventanales de la cafeteria “Welcome”
¿Quién sería? ¿Cúal sería su nombre? ¿A Dónde iba cada día a la misma hora?
Eran interrogantes que Jennifer se hacía sin conocer la respuesta y además se preguntaba ¿Por qué ese interés por un desconocido?-¿Sería su mirada profunda aunque lánguida?, ¿Quizás su enfermizo aspecto? No daba con el motivo pero desde el primer dia se repetía desde los últimos quince la misma escena, la misma situación , la misma mirada desviada por él en el último instante.
¡! Omblomerrrr!! . oyo gritar a Sandy, anunciando la siguiente parada del tren. Levantándose obsequió con una leve sonrisa a modo despedida a la dama compañera de viaje y salio del compartimento y descendió en la solitaria estación. Hacía viento y las hojas de los abedules danzaban entre los andenes y vías.
Un coche tirado por un caballo negro la esperaba en la puerta como cada dia y a través de unas preciosas veredas y verdes praderas la transportó hasta St. Patrick House, residencia de Lord Malcom.
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James…..James ¡!!!- gritaba la patrona de la pensión otro lado de la puerta, consiguiendo por fin despertarle, sacándole de los profundos sueños de las 7.30 de la mañana.
La delgada y huesuda figura de James abandonó el camastro de aquella lúgubre pensión situada en pleno centro del barrio popular de Chelsea. Se desperezó y se dirigió a la palangana que tenia sobre una mesa y vertió agua de la jarra y se lavo la cara y el pecho, quedándose tiritando por el frio ambiente. Se secó rapidamente, vistiéndose con las únicas ropas que tenía en el cuchitril que le servía de habitación. Se miró al espejo y decidió no afeitarse ese día por que apenas le quedaba jabón y hacia mucho frío.
De una caja de galletas metálica sacó un trozo de pan ahorrado en la cena del día anterior y un pedazo de queso, ello le sirvió de desayuno mientras se calzaba sus calcetines y unas botas viejas.
Miró su reloj de bolsillo, única herencia de su pobre padre que falleció hacía meses a causa de una explosión en la mina de carbón donde trabajaba cerca de Manchester. Nunca llegó a cobrar nada de la compañía minera como indemnización debido a que los recibos de su padre con el sindicato no estaban al corriente debido a que gastaba más en pintas de cerveza que en seguros de futuro. El reloj le dijo que eran las ocho en punto. Iba bien de tiempo
Cogió sus libros de quimica y salió al pasillo, se cruzó con la casera de la pensión una mujer gordisima, de desagradable aspecto, despeinada y con un delantal raído y sucio. Cubría esos despeinados mechones de pelo con un trapo a modo de pañuelo anudado al cráneo y que algun dia debió ser una bandera inglesa y que ahora era simplemente un trapo
-Buenos dias Mstrs. Lavendoor- dijo James educadamente -Que le vaya bien- le deseo sin demasiada convicción la enorme señora.
Una bocanada de aire frio y desagradable azotó el rostro de James al salir a la calle. Apretó los labios y comenzó a caminar rumbo a la estación de King Cross de la que le separan sus buenos 45 minutos, pero que cada dia cubría a pié para ahorrar los 6 peniques del autobús. El tendero Charles estaba preparando su surtido de frutas en la calle y le llamó
-James, toma cógela- al tiempo que le lanzaba una manzana que James tomó al vuelo y agradeció con una sincera sonrisa a Charles. Apretó el paso mas por frio que por prisa y su pensamiento fue como siempre hacia la chica de la estación. No comprendía que pasaba que le sucedía y eso que tan sencillamente había cruzado sus miradas durante las últimas dos semanas., pero algo muy especial le atraía de ella, algo le imantaba y hacía que se dirigiera al laboratorio contento, hasta feliz. ¡!!Que tonteria ¡! Pensaba , tan sólo una mirada y su vida parecía otra. A saber quien seria esa muchacha, pero algo le hacia todas las mañana esperar los tres segundos maravillosos de cruzar su mirada con la de ella.
James trabajaba en un laboratorio, el del Dtor. Sander y alli estaba en calidad de becario en prácticas mientras terminaba sus estudios en el Chemical College, donde fue admitido por ser huérfano de un padre minero muerto en servicio. Con esa premisa sus estudios le resultaban gratuitos y alli podía continuar lo que siempre habia estudiado con gran sacrificio de sus padres y que era su verdadera obsesión: La quimica .
Gracias a sus buenas notas le fue adjudicada la situación de becario en los Laboratorios del Dtor. Sander y alli durante seis horas diarias se perfeccionaba en sus saberes y después acudia a las clases vespertinas del Chemical Collage, ademas este desdoblamiento le permitía cobrar seis libras a la semana que le ayudaban a subsistir modestamente.
Cruzó Nottingham Park comiéndose la manzana  y por Country Avenue desembocó a Trafalgar Scuare  y de alli a la estación de King Cross, total 45 minutos perfectamente cronometrados.
Su corazón aceleró sus latidos al entrar en el vestíbulo de la siempre cargada estación, y por entre las gentes se dirigió hacia las taquillas sacando el billete de ida y vuelta para Brigthon a escasas 8 millas de Londres.
El momento se acercaba, ya veia las luces de la cafetería, las 8.49 un minuto mas y la vería ¿Estaría? Si claro ¿Por qué no? Pálpitos acelerados y llegó a la altura de la ventana de sus sentidos. Si, si ella estaba allí, sus ojos se clavaron mutuamente. Parece mentira los escalofrios que se pueden sentir en tres segundos., dos , uno….. bajó la mirada y siguió…. La había visto una vez más, otro día que ella estaba allí, era como si mantuvieran una cita jamás pedida, solo era una cita mental, alucinada, sin preámbulos ni retrasos, sin saludos ni despedidas. Sin ni siquiera un “Hasta mañana”, pero sabía que mañana estaría ahí, si…. Seguro que estaría
James se perdió entre la multitud a tomar el tren de la via 10 rumbo a Brigthon que salia a las nueve y dos minutos. Subió a su tren, a su siempre mismo vagón, a su siempre mismo asiento y esperó faltaban dos minutos para salir.
Por la ventanilla vio el tren que iba a Omblomer que pasó por su lado y penso. “Este tren es como nuestras vidas. Va en otra dirección “
Su tren resopló y emprendió la marcha, cerró los ojos y se dispuso a pensar en ella los 26 ,minutos que duraba el viaje.