Cuando cierro los ojos, veo Salamanca.La veo teñida en oro por su piedra, azul en su cielo y siempre nueva en sus aguas. Es un sueño a hurtadillas entre las hojas apenas difuminadas de esta foto; es un sueño de niño, porque mi Salamanca es la que ven aquellos ojos primeros de mi infancia. Es una Salamanca blanca y acarbonada, lleña de entrañas, donde dejé mi pobre corazón a cambio de lo mucho que tengo.