Enfrente del Gran Hospital de Rodas , donde un turco tiene la casa , una princesa canta. La canción habla de un capitán, llegado de lejanas tierras que a una mujer quiere salvar, casando con ella. El comandante de una galera, llegada en la noche cerrada, salta a tierra apenas atracada. El cantar, que a ayuda llama, escucha.

- “Ante el Corán el Sultán , al Gran maestre de Rodas, ha jurado perdonar vida, fortunas ,dar honores en la entrega si los caballeros les dejan, como pago de esta prenda dejar a toda mi familia en tierra. A mi padre, el Califa quiere para cortar su cabeza .No perdona al buen Murad que nacido el musulmán, cristiano se haya hecho. Mi hermana y yo al serrallo y mi hermano, por cristiano, por renegar de su Profeta, a su guarda ha mandado que le quiten el corazón del pecho tras quebrarle todos los huesos y sirvan a los buitres, por comida como real derecho, lo que de el quede, para mayor castigo y desprecio".
El veneciano, capitán de la galera a la ventana de la mujer, donde sale la canción responde:
- "No será así. Por esta cruz te lo juro, si en la cama tu amor, para siempre, me prometes. Dejaré en prenda, para que nadie ose, la bandera bordada, el cordón de seda que mi capa sujeta y el León de San Marcos bordado en su tela , para que sea la casa donde vives , una más de Venecia. Sube a la galera, en la tarde con la marea. Tus hermanos y padre deben acompañarte. En prenda de boda, dame el brazalete y yo te llamaré esposa mañana delante del Maestre de Rodas y de toda su gente, y así será nuestro amor mi estandarte".

Al final de la noche Halia dio y recibió prendas. La galera el puerto dejó, la marea no espera. En ella huyó el veneciano. Halia sola se queda. Pasaron los días quedó sin caballeros Rodas y, en el mismo mes de enero murió Murad, murió el hijo y las dos hermanas terminaron, llevadas en una galera, conducidas al serrallo.

En Estambul, había un barrio cristiano: Pera, que de la ley otomana de la sharia el Califa salva. Negocios, buques, paces, guerras. Emperador, Papa, Profeta, curas, muladís…Etc. La Sublime Puerta con todos de negocios trata, y siempre que hay oro, el León de San Marcos más, que Génova, aprieta.

Han pasado diez años. El embajador de la Serenísima en palacio aguarda. Va a tener un buen trato, pues dicen en el Serrallo que el médico ha pedido copas de cristal de Murano para que la sultana beba leche con yemas de huevo. Así,asegura, se preñará la favorita Roxana antes de que fine el año.

El embajador ante todos, con gran brillo presenta en una mesa nueve copas labradas en fino cristal. Con el sol de la tarde la estancia de verde revienta.
¡El color del Profeta! Dice una voz, y pide completar la docena.
- . No hay tantas en el almacén dice, con reverencia a lo que pide la Sultana, el embajador de Venecia.
- Beber en ellas quiero en noche de luna llena. Si me das este capricho, ante toda la corte juro que por cada copa tendrás mil dinares de oro, cien libras de pimienta y, de mirra y ajonjolí … ¡Tanto cuanto quieras!

La luna llena se anuncia en la plata del Mármara. Al muelle, donde la guardia de la Sultana espera, recogidas las velas, a golpe de remo arriba la galera. Las copas lleva en el cofre el mercader de Venecia. Dentro caben mil dinares, cien libras de pimienta y otras tantas, bien medidas, de ajonjolí y de mirra y un tarro de Samarkanda, con perfumes de rosa y menta.

Las copas de verde cristal entregan al guarda del Serrallo y en el cofre pone, bien junto y apretado, todo lo que del tesoro puede , y llora por no poder poner otro tanto
Dice al cristiano el jenízaro que guarda la llave de palacio
- “La sultana nada más verte de ti se ha enamorado .Amores te pide esta noche. Luego, con el alba, en tu barco, en el sollado puedes coger y meter todo lo que quieras La sultana te promete, en prenda, de su tesoro otro tanto como ya llevas, si juras siempre tener ante todos este recuerdo de amor, desde ese momento ciego y callado". El cristiano lo jura y, cuando la luna se esconde, entre sus manos la sultana deja dentro de una bolsa repujada en oro su mayor tesoro. Extrañado del poco peso el veneciano abre la bolsa, mete la mano, y toca una cosa que ni es especia , ni huele a oro. Saca el contenido y toca se paradas lo que le parecen dos cabezas sangrantes y recién cortadas .
Abre los ojos y chilla..¡Las dos cabezas son de sus niños metidas en una bolsa, repujada de oro con el León de San Marcos en el frontis bordado.
Mira a la Sultana que tiene el velo apartado. A su lado una cristiana cae al suelo al ver el rostro del veneciano.
- "¡Halia! Grita A lo que la Sultana responde :- " Muere , porque ante y hoy , las dos veces me has mentido.Una ante mi padre y otra a tu mujer y a tus hijos , delante mia, abriendo tus ojos , su muerte has consentido".
El Eunuco pone al cuello del veneciano un cordón de seda que la sultana le ha entregado. Y así, de esta forma , con tres recuerdos de su mentira ,a la antes Halia y hoy sultana, es muerto el veneciano. La luna llena se anuncia en el cielo. Se apoya sobre la Mezquita azul y el Agia Sofia y briila sobre el Palacio como la plata. Una barca va a la deriva y dos guardas la abordan:
¿ Quien va en esa barca? pregunta el turco y el jenízaro contesta.
- "Nada que valga la pena: Un cristiano con una bolsa del León de San Marcos muerto , con el cuello roto, asfixiado , una mujer ahogada y los cadáveres de dos niños cristianos, ambos descabezados.