Cuenta una leyenda, siempre pasan en Bagdad y si se cuenta desde Bagdad, siempre ocurre en Granada ¿o era en Jaén?, que una princesa, muy de madrugada, sintió que su príncipe la llamaba...

Tenía sueño y su dueña le sirvió un te con hierbabuena, ella lo bebió y recordó que al príncipe no le gustaba el olor de la menta.

Rezó a Allah y del jardín subió una blanca orquídea. Sus hojas cayeron en el té y se transformaron en leche conservando la esencia sutil del perfume de la flor en su jardín.

Cuentan, también, que pasaron nueve lunas y una nueva princesa llamada Orquidea paseó vestida de blanco por ese jardín. Hasta el mirto y el arrayan entendieron que habían quedado todas esa lunas hechizadas por la leche de ese té.