Hay en la playa una barca, pintada en dos colores, con dos remos, sin timón y sin vela. Hoy al anunciarse el sol en la terraza, he oído retirarse el mar de la escollera. He caminado hasta el rulo en la playa donde unos niños de aguamarina tostada ayudan el viejo patrón a poner la barca vuelta en el varadero de arena

Una botella de aceite de hígado de bacalao, un cubo de plástico lleno de agua de mar donde nadan cuatro peces, un pequeño embudo de cocinita de juguete es todo el aparejo. Bueno no todo. Falta la red y las manos del viejo. Me ha ignorado y ha seguido cogiendo, con mimo, cada vez un pez, llevando con ellos la conversación que me niega

- “Mi niño: yo a ti te conozco. Ya te pedí perdón por romper esas escamas. Envejeces. Ya hoy son de plata, mientras ayer aún eran doradas. Anda come: dicen los médicos que esto fortalece”.

El pez ha devuelto, como cualquier niño, el brebaje, manchando de bilis la arena a pies del pescador.
- “Hoy no me traes ningún regalo, nada comiste en la bocapalaya. Hasta otro día compañero”.

El viejo ha puesto el pez en el barreño de agua. Con todos ha hecho lo mismo y a todos les ha dicho las mismas palabras.. Los niños se han metido en la mar y, con sumo cuidado, han dejado a los peces nadando
- -Ya está D. Joan
- -Gracias, hasta mañana a la misma hora.
Los niños se han despedido y el marino ha quedado solo,
- ¿Perdone ¿Por qué les da a los peces aceite de hígado de bacalao y luego los devuelve al mar? ¿Por qué hace eso cada mañana? ¿Por qué enseña a los niños a poner ese embudo en la boca del pez? Ni los come, ni los vende. ¿Para que sale a pescar?- Le he dicho muy de corrido.

D. Joan, con unos ojos tirando a infinito que devuelven al sol el dorado de la mañana, me ha mirado con pena
- Señor, ¿No son, tras tantos días, muchas las preguntas? ¿Demasiados porqués que no le sirven de nada? Desde hace años dejo la red montada, espero que el agua se retire y me acerco a ella. Cojo los peces que han comido en la arena, acaricio sus escamas, porque han visto llorar a hombre y mujeres y se han alimentado con esperanzas fallidas No los como porque su carne es amarga como el aceite que toman y hago que devuelvan lo que comieron por si hay suerte y lo que un día uno tiró, hoy a los dos sirve. Sepa que soy limpiador de mares, rescatador de olvidos y, muy pocas veces, devolvedor de amores. En la playa, en la noche, se oyen suspiros y voces bajo mi barca. Espero que callen y dejo pasar los amores que cruzan sin verme. Al cabo del tiempo solo es uno el que vuelve. Mira al mar, con los ojos llenos de sal y arroja un pequeño paquete que nadie, que no sea el agua, acude a recoger antes de comenzar la mañana. Pasado el tiempo, lo veo en el mercadillo y, solo o acompañado, no reconoce lo que tiró al mar un día. Venga y verá el único porqué que contesta a todos los porqués que me pregunta.

El sábado me he acercado al mercado. He paseando entre los puestos recién montados de flores. No tenía con quién, pero he visto que las de hoy son aún más bellas que las que te regalé un día, hace los tres años que ahora llegan.

A las nueve en punto D. Joan ha llegado con una maleta y una mesa de tijera.. La valija es suma y suma de decenas de paquetes, cada uno con una fecha, sin nombre. Al verme y me ha puesto en la mano un paquete envuelto en la letra de una canción

- Veo que viene solo, me ha dicho

Al querer pagarle, ha continuado:
- “No es nada, no me debe otra cosa que no sea tirarlo en otra playa, donde ni mis peces ni yo lo recojamos en la mañana”.