Esta noche Pilar tiene la cuna en mi dormitorio. Sus padres están muy cansados. Han venido a Zaragoza y yo tengo afán del tiempo de la niña. Todos contentos; ellos descansan y yo la tengo.

Siempre me entendido muy bien con las mujeres: bien es cierto que hasta que cumplen los cuatro años y en cuanto llegan de los ochenta. ¿Será mi sonrisa?

A las diez de la noche su madre la ha dejado en la cuna: Pilar quería dormir y su madre me ha dicho que quería que yo le cantase su nana y recitase sus oraciones de cuna. Los tres hemos rezado los “cuatro esquinitas tiene mi cuna, angelitos…” “jesusito de mi vida…”

Pilar ha dicho “Buenas noches Nono (Ese soy yo), Pilar, cansadita, quiere dormir”.
Ha cerrado los ojos, se ha puesto el dedo índice de la mano derecha en la boca y se ha pinzado el lóbulo de la oreja con los dedos de la pinza de la mano izquierda. Su madre ha permanecido cinco minutos y ha salido de puntillas, apagando las luces y dejando solo el “Gusiluz”.

No han pasado ni dos minutos. Pilar me ha llamado con el tono más dulce de su voz, mientras me tendía sus bracitos
- Nono: Pilar quiere dormir en la camita con Nono.

Apenas he podido recoger la baba que se salía de la boca a chorros, le he cogido y la he pasado conmigo. Pilar ha apoyado la cabeza en la almohada, boca abajo y juntos hemos repetido las oraciones de noche. Tras ellas me ha dicho
- “Buenas noches, dulces sueños, que descanses”, pasándome la palma de su mano por la cara , para terminar con un: “Nono cierra los ojos y a dormir”

Siempre he tenido insomnio, ella lo sabe porque desde hace casi seis meses repite la cantinela de: “ Mama, gusta dormir, papa gusta dormir, Pili gusta dormir.. Nono no gusta dormir, Pilar no gusta dormir”, para terminar cogiéndose de mi mano: “Nono y Pilar a pintar al salón”.Ella pinta, yo juego con ella, la acaricio y sonrío. Ella se queda dormida y yo, antes de llevarla a la cuna, la miro y sigo viendo, en su ternura, mi inocencia recobrada.

Por eso hoy he cerrado los ojos siguiendo sus palabras, mientras Pilar, apoyada la cabeza en la almohada subía los brazos hacia mi cara y me daba un beso que yo he notado tras mis ojos cerrados.

He entreabierto los ojos apenas pasados veinte segundos y mi sobrina ya no estaba en la cama. He visto su espalda mientras corría saliendo del cuarto y decía

-Nono duerme, Pilar, solita, va a pintar al salón.

Me parece que voy a tener que bajar mi capacidad de entender a las mujeres de los cuatro hasta los dos años. Creo que mi sonrisa cada vez es menos persuasiva. Confío en que siga siendo útil a partir de que cumplan los ochenta.