En Poblet, como en Montserrat, como en todos los monasterios católicos del mundo, los monjes se reúnen en el coro siete veces a lo largo del día y de la noche para entonar los salmos, de manera que en siete días recitan los 150 salmos de David y así, una vez cada semana, con el salmo XC, ruegan al Señor que les proteja “a sagita volante in nocte/ab incursiones demonio meridiano” (de la saeta que vuela en la noche y de las incursiones del demonio meridiano). Pero, ¿quién es este demonio del mediodía del que con tanta insistencia hay que defenderse?

[...]Los piadosos varones que en el siglo VI iniciaron la vida monástica en los desiertos de Siria descubrieron que no sólo les costaba levantarse a medianoche para contar las alabanzas divinas, sino también al mediodía, bajo un sol abrasador, el sopor hacía desfallercer su ánimo y disponerse a cantar no les producía alegría sino tristeza, y atribuyeron su desgana a un demonio que llamaron del mediodía por la hora en que se manifestaba. La denominación hizo fortuna y san Jerónimo, el traductor de la Biblia del hebreo al latín, la utilizó en su versión del salmo XL. No sólo se poularizó la denominación, también el efecto que se atribuía a tal demonio. Que disponerse a realizar una acción buena no produzca alegría, sini, al revés, tristeza, se entendió como tentación diabólica y ceder a ella, como un pecado.

Didimo el Ciego y Máximo el Confesor y otros autores que boy nadie lee pero que en un tiempo pusieron las bases de la teología mística la Iglesia de Oriente, describen esta triste ex periencia del anacoreta y la denominan con una palabra griega, “acedía”, que literalmente significa “falta de empuje”. De la Igiesia de Oriente la acedía pasa a Occidente y en la edad media figura en la lista de los pecados capitales. Para Tomás de Aquino, que les dedica una cuestión entera de
la “Summa “, la acedía es la tristeza que se siente al obrar el bien. Y del latín la palabra pasa a las lenguas vulgares. Para Ramon Llull U en el” Art breu”, y probablemente es la primera vez que la palabra se usa en una lengua neolatina, acedía es el hábito de lamentarse de los bienes ajenos y alegrarse de sus males. Para el Dante, que tiene una sólida teológica, la acedía es pecado de los indolentes, con los que se encuentran en el cuarto círculo del purgatorio. Pero, en general, en
las distintas lenguas la palabra acedía se limitó a un uso culto y cada vez más se asimiló a la pereza. Acedía: voz anticuada que sigifica pereza, dice lacónicamente el “Diccionario de uso del español”, de María Moliner. Mucho tiempo antes de que la palabra cayese en desuso, la acedía había desaparecido de la lista de los pecados capitales, que quedó reducida a siete.

Cuando a finales del siglo XIX el decadentismo que recorre la literatura europea redescubre la verdad edad media, se exaltan sentimientos como el “spleen”, el cansancio vital, el aburrimiento y en algun momento se ponen en relación con el sentido original de la acedía. En cambio el demonio meridiano, mentenido en el lenguaje religioso gracias a su repetición ritual, pierde toda referencia a sus efectos y se reduce a un epíteto. Un epíteto que, tomando metafóricamente meridiano por sur, sirve para calificar de demoniaco a Felipe II. Pero el epíteto admite otro significado metafórico, éstte más cerca de sus orígenes. Mauriac, y otros novelistas de parecidas preocupaciones, popularizaron la referencia del demonio meridiano al mediodía de la vida.

En una novela con este título, “Le démon du midi”, un hombre casado y padre de familia al llegar a los cuarenta, siente la tentación de romper con todo y volver a empezar de nuevo. Probablemente la última y más explícita manifestación de esta metáfora se encuentre en un poema de Claudel
dedicado al camino de la cruz. Las tres caídas de Cristo en la subida al Calvario simbolizan las tentaciones características de cada etapa de la vida humana; la tentación y la caída de la juventud es la desmesura, el deseo de avanzar a la vez por todos los caminos; la tentación del anciano es la desesperación cuando advierte que el camino se acaba indefectiblemente y ya no es posible rehacerlo, pero la tentación y el pecado de la madurez que Claudel atribuye explicitamente al demonio meridiano, es el aburrimiento, cuando el hombre que ha elegído ya su camino se aburre de repetir cada día los mismos gestos.

Miquel Siguan
EL DEMONIO MERIDIANO Y OTRAS ELUCUBRACIONES
http://www.gksdesign.com/siguan/siguan_demonio_meridiano.pdf



Muchas gracias a Alfonso de Castro por hablarme de este demonio.