Convocatoria


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Gabi Alonso
Gabi Alonso
Martín Rabezzana, escritor por naturaleza a traves de este medio convoca a cuentistas y poetas a escribir con el mismo estilo y temática de “Contracultura”. (libro de cuentos ensayos y poemas).
Americanista es una generación literaria Argentina Nueva, la cual se caracteriza por tratar los siguientes temas; Suicidio, depresión, antiimperialismo, causa vegetariana, anarquía y excesos.
Yo (Martín Rabezzana) creo este nuevo género literario en mi libro contracultura.
Yo Reivindico a América como continente, por eso le di a esta nueva generación el titulo de Americanista.
9 years ago.
Gabi Alonso
Gabi Alonso
Xanadú

Camino por el desierto sufriendo el tormento del clima y la sed, empujado por las imágenes divinas que abundan en mi mente, arrastrado por las ganas de alcanzar un oasis y salir de la constante frustración del llegar a la cima de una duna, solo para encontrar que al bajar cual círculo interminable, se encuentra ante mi otra similar.
El día se vuelve noche y el calor extenuante, frío que congela hasta los pensamientos. Camino lentamente sin olvidar que es mejor la crueldad del desierto que la del suburbio; cierro los ojos unos segundos y el calor vuelve a presentarse. Es de día otra vez; ya perdí toda noción del tiempo, ya no sé si un segundo dure lo que un día o viceversa.
Venís a mi mente, visión milagrosa. Puedo verte pero no alcanzarte; tu imagen amable y sacrosanta se presenta ante mí como una triste metáfora de un oasis siempre lejano; tal vez el oasis no exista más que en mi imaginación, o tal vez sea yo producto de la suya; quizás ella crea que hay cosas que le son desconocidas, es posible que yo me encuentre entre ellas. Es probable que yo solo viva en lo desconocido de su mente, pero intento salir de ella antes de morir.
Una tormenta de arena me lleva a cerrar los ojos. El viento es fuerte y el deseo de morir está más presente que nunca en mi; cuando entre lo inalcanzable de la vida parece estar la propia muerte, la existencia es un castigo cruel, una súplica constante de compasión a una naturaleza despiadada.
La tormenta pasó y sigo rumbo a ninguna parte.
Creo en la inutilidad de toda acción. Siento que mi vida es como la idea taoísta del barco al que uno cree dirigir, cuando en realidad el océano puede a uno destruirlo cuando quiera, por lo que me pregunto: ¿qué me hace seguir? La respuesta es: el instinto el instinto de conservación me hace seguir adelante y crea en mi, alucinaciones incontrolables en las que veo lo que necesito; sin embargo sé que todo espejismo es inalcanzable. No importa cuanto trate de acercarme, siempre está lejos de mí.
La lluvia se presenta y me hace sobrevivir, pero en vez de salvarme hace que mi sufrimiento sea más largo.
Si todo tiene un lado opuesto, para que uno sea feliz, otro tiene que sufrir, por lo que creo que este largo camino de miseria, permite que otro atraviese una senda de riquezas y amores.
Camino un poco más y me desvanezco. Abro los ojos y trato de levantarme, veo a lo lejos a Xanadú. Vuelvo a desvanecerme y al abrir de nuevo los ojos estoy de vuelta en el desierto. Los vuelvo a cerrar esperando soñar otra vez con ese lugar.
Sé que Xanadú es solo un sueño, pero tal vez al morir en ese estado de conciencia, el mismo pase a ser real. Abro los ojos y estoy en la ciudad mitológica.
Camino por una estrecha calle rodeada de casas de agradable aspecto. Hay un silencio reinante solo interrumpido por el rumor del viento chocando contra la vegetación circundante; veo a mujeres cuyas miradas no son de odio pasar a mi lado. Sigo caminando hasta llegar a una fuente de agua cristalina; una mujer joven está sentada sobre una piedra, le digo:
-hola.
-hola.-me responde sonriendo.
-¿cómo te llamás?
-xana.-me contesta.
La miro bien y noto que es hermosa. Trato de distinguir el color de su piel y pelo, pero no lo consigo; al parecer el color pierde sentido en este lugar. La sigo mirando sin decirle nada y ella me pregunta:
-¿por qué me miras así?
-estoy admirándote.-le respondo.
Ella me da un beso y me abraza. Estoy sentado junto a ella y acaricio su rostro mientras le digo:
-vos no me odiás.
-¿por qué habría de odiarte?
-las mujeres me odian.
-yo no te odio.-me dijo con verdadera preocupación en su expresión.
-pero eso es porque no existís.
Me miró en silencio varios segundos antes de preguntarme:
-¿por qué dices que no existo?
No contesté por varios segundos.
Leí sobre vos. Sos una ninfa, una diosa mitológica de las aguas; existís solo en la imaginación, cuando despierte no te voy a ver más... decime que me equivoco.
Ella no contestó inmediatamente.
-este estado de conciencia es tan real como cualquier otro... yo existo, y estoy contigo ahora.
Ella me besa y siento que me desvanezco. Un poco por el efecto emocionante de su proximidad, pero sobretodo porque se me acaba el tiempo en este lugar; alcanzo a decir:
-chau, Xana.
Ella me saluda con la mano y yo me despierto de nuevo sobre las arenas.
Me levanto con la dificultad propia de a quien una travesía semejante ha castigado, pero con la imagen agradable de aquella diosa en la mente que me hace querer seguir adelante intentando alcanzar un sueño similar.
Yo no te olvido, Xana. Se que estás en alguna parte esperando a otro viajero sufriente para reanimarlo con tus virtudes, ya que esa es tu naturaleza.
Sigo adelante pensando en que cuanto más sufra, más posibilidades voy a tener de volver a verla; Ahora no acepto el dolor con resignación, lo ansío profundamente, deseo que el mismo invada todo espacio de mi alma.
Las dunas son cada vez más altas. Camino lentamente y a cada paso me siento morir; una modesta provisión de agua me da energía para continuar. Al igual que la lluvia que una vez me hizo seguir, esta agua hace a mi sufrimiento más largo, pero el dolor se hace más soportable esta vez sabiendo que tras mucho sufrir, voy a estar con aquella a la que encontré sin buscar.
Caigo al suelo y las imágenes de Xanadú se amontonan en mi mente: en las calles puede verse la coexistencia de lo salvaje con lo civilizado. Árboles por todas partes cubriendo con sus ramas la parte superior de todas las casas. El agua está presente en cada esquina con su infaltable fuente. Hay pasajes subterráneos que llevan a también subterráneos pueblos; no hay una gran riqueza individual por parte de las personas, pero si hay una opulencia colectiva, ya que hay todo tipo de establecimientos comúnmente pagos en el estado de conciencia ordinario, accesibles gratuitamente a todos. No hay autoridades ni leyes morales. No hay tampoco formas de vida microscópicas imposibles de no destruir; el castigo por causar dolor innecesariamente, es la vuelta a la llamada realidad.
Este es el sueño de los miserables, el lugar al que se llega tras haber perdido toda esperanza y gana de vivir, el lugar situado más allá de todo sufrir.
Desde el suelo y en un estado de semiinconsciencia escucho a mi deidad decir:
-¡te estás acercando!
Me arrastro lastimosamente y consigo con dificultad levantarme. Camino algunos metros y caigo de nuevo.
Por momentos estoy ciego. Tengo los ojos abiertos y no veo absolutamente nada, los cierro y mi vista se sumerge en un lugar llamado tártaro. No hay acá suplicios físicos aplicados a nadie, hay en cambio un estado de angustia extremo más que evidente en las almas que caminan en un aparente estado de trance.
No pertenezco ahí. Mi castigo no está en el tártaro ni en el desierto, sino en la vida profundamente dolorosa de la que escapé; me adentré en la soledad del desierto buscando salir de lo insoportable de una vida a la que ni siquiera pedí. Una vida en la que la felicidad estuvo siempre ausente. Una vida cuya aura siempre fue desagradable, ya que las personas a las que intenté acercarme se alejaron de mí sin siquiera darme la oportunidad de darme a conocer; es por eso que busqué la nada de la inexistencia y posteriormente el lugar y alma femenina de mis sueños en otro estado de conciencia, ya que lo que se conoce como realidad, nunca fue para mí otra cosa más que un castigo constante.
Desde el suelo y en la semipenumbra de un naciente anochecer, siento que muero. Una mano perteneciente a una pálida mujer acaricia mi rostro.
-me llamo Freya; yo te ayudé a llegar hasta acá trayéndote el alivio de las lluvias a las que consideraste culpables de un sufrimiento mayor, pero no lo hice para hacerte sufrir, te ayudé a sobrevivir para que puedas llegar a Xanadú y estar con Xana; si morís antes de alcanzar el estado de conciencia en que se encuentra, no vas a verla más.
La contemplé con la mayor admiración de la que soy capaz. La miré en silencio durante varios segundos antes de tomar su mano, llevarla a mi rostro y empezar a llorar. Ella volvió a acariciarme y pude sentir lo más profundo de su alma en sus compasivas manos; ella se arrodilló detrás de mí y tras haberme tomado en sus brazos, me alimentó e hidrató. Posteriormente se levanto y me dijo:
-ahora tengo que irme, tenés que seguir solo; pero no te preocupes, no estás lejos de Xanadú.
Debido a lo lastimoso de mi estado y a la conmoción de su presencia, me costó hablar, pero llegué a decir:
-Freya, gracias por venir.
Ella me sonrió y su imagen se desvaneció ante mí.
No sé cuando haya empezado este viaje ni cuando vaya a terminar, pero sé que el dolor es algo a lo que acepto sin mayores problemas si después de sufrirlo una diosa se cruza en mi senda.
Vuelvo a entrar en un estado de conciencia alucinante.
Varias mujeres con serpientes en lugar de cabellos se presentan ante mí. Sé que se llaman erinnias; traen a mi conciencia todo el sufrir despiadado que viviendo causé. Veo a toda la vida microscópica que con mi simple existencia destruí pasar ante mis ojos; me siento culpable, el remordimiento me invade. Entienden mi sentimiento de culpa y se van.
Mi conciencia se aleja del mundo; veo múltiples obras de arte cuyas dimensiones son enormes situadas en una luna de júpiter. Veo también las extrañas formas de los habitantes de dicho planeta solo existentes en un pasado lejano; escucho sus expresiones de amor, odio, compasión y crueldad presentes aparentemente en toda conciencia.
De vuelta en la tierra tengo acceso a las escrituras etruscas cuyos significados me son comprensibles; la escritura fonética fenicia es muy limitada en relación con la etrusca, ya que esta es capaz de hacer e
9 years ago.
Claudia Dias
Claudia Dias
Buenísimo el cuento de Martin Rabezzana. Dan ganas de seguir leyendo mas material de este escritor. Ojala sea pronto.
8 years ago.