Whiterspoon alzó la mirada hacia el ventanuco del sótano donde realizaba sus autopsias ilegales,casi al estilo de un Viktor Frankenstein moderno,excepto porque él mismo hurtaba los cadáveres del Instituto de Medicina Forense de Ciudad Real,gracias a la libertad de paso de que gozaba como Forense Adjunto,y a que,lejos de aspirar a resucitar muertos o crear vida,lo que el bueno de Theodor "Rollo" Whiterspoon quería era obtener fibras nerviosas sin necrotizar para venderlas a un lucrativo y sospechoso laboratorio ruso.

El doctor se levantó de la silla,se acercó renqueando a un armario ropero que cubría por entero una pared de varios metros de largo,abrió con un crujido la puerta de madera corrediza y cogió una caja de puros habanos de la mejor calidad.•♦•