Dando vueltas por el Twitter me he dado cuenta de que está lleno de gente polémica. De tontos. De impresentables. Y de gente maja. Normal.
Vamos, como mi barrio, mi bar habitual, mi centro de trabajo o cualquier otro sitio en el que se junten los humanos.
Como solución a esto, trato de contactar con los majos/as, hablar con los normales y pasar de los molestos. Posiblemente yo resulte molesto para otros y hagan lo mismo, es síntoma de inteligencia evitar lo que no nos gusta.
Por eso me sorprende que uno de los polémicos, el señor Sostres, al que publican a menudo en El Mundo por el motivo que sea, se ponga chulo y faltón contra todos aquellos que le critican por sus opiniones o que no le alaban. Con lo fácil que le sería el bloquearles o ignorarles.
No es que me preocupe lo que diga el señor Sostres, normalmente ni le leo, pero la curiosidad tuitera me ha llevado a hacerlo. Poco. Tengo el estómado delicado.
Me mató un poco el que defendiese el bautizar a los niños con nombres del santoral católico como medio para lograr un adecuado desarrollo personal del bautizado, no sea que le salga republicano u homosexual. Si creyese que el señor en cuestión tiene recursos estilísiticos a la hora de aporrear el teclado, lo habría considerado una ironía.
Me mata del todo que hoy decida publicar en Twitter que abandona Twitter, y que defienda su espantada en el blog que perpetra porque, nos informa, todo el que usa Twitter es un animal que merece vivir en un simulacro de democracia, y el que no lo es, abandona la red social para vivir la vida real, la aristocracia vital de quienes lo merecen. Él, huelga decirlo, y pocos más.
Todo esto me parecería una rabieta tonta, prescindible, pero me parece peligrosa la opinión dogmática -su palabra es la única coherente, según él- con la que defiende la necesidad de reprimir a la basura, a la plebe, al pueblo, encontrando como único inconveniente lo costoso y cansado que resulta reprimirnos. Miedo me da que este señor pueda hablar, sentar cátedra, educar hijos desde ese punto de vista.
Educar es reprimir, no enseñar a elegir. Educar es reprimir, no enseñar respeto. Educar es reprimir, no dar herramientas para la convivencia. Educar es reprimir, no fomentar aptitudes positivas. Qué miedo.
La verdad, aunque Twitter no me vuelva loco, con tanta gente normal que hay por allí, qué vulgaridad, prefiero quedarme allí que volver a leer al señor Sostres. Twitter ha mejorado mucho hoy, cuando él se ha ido.