No sé si habréis leído la noticia. En Albacete, Españas, un par de vagabundos buscan un lugar donde dormir. Dos pobres de calle, dos tipos que no han visto un plato de comida caliente hace tiempo, y que al acercarse a un cajero -lugares cómodos, dentro de lo qu cabe, por cubiertos y protegidos- se encuentran un sobre con 700 euros. Setecientos, ni más ni menos.
Como el valor del dinero es relativo, setecientos pavos resultan una cantidad ridícula para, por ejemplo, Bárcenas, los estafadores de los ERE andaluces, o los dueños de las empresas que triunfan en el IBEX mientras se descentralizan y nos mandan a la calle a todos.
Setecientos euros, según ese relativismo, son un buen dinerito para las vacaciones de muchos, o un mes de gastos cubiertos para unos seis millones de desempleados.
Ni me imagino lo que son para dos sintecho.
Los dos viajeros del arroyo decidieron, cosa que entiendo, que se iban a dar un homenaje. Más que nada, porque abrirse un plan de pensiones o alquilarse un duplex habría sido una gilipollez. Así que se pegaron una cena curiosa, espero que con café, copa, puro y chupitos, y se fueron a ver a unas señoritas de esas que fuman.
Supongo, basándome en mi conocimiento de la naturaleza humana, que sabían que les iban a pillar. Los cajeros suelen tener cámaras, y el cliente que perdió los setecientos pavos no iba a dejar de buscarlos. A no ser que fuese Bárcenas o alguien así, que igual no se moja por calderilla.
Efectivamente, les han pillado.
Y claro, delito de apropiación indebida, que viene castigado con multas y posible cárcel cuando el valor de lo apropiado supera los cuatrocientos euros. Ya están, oh ágil justicia, a disposición judicial.
Resulta muy dudoso que vayan a devolver lo apropiado, así que imagino que estos compañeros del amanecer pelado den con sus huesos en la cárcel por algún tiempo. Mientras, los que se apropian de millones, de empresas, de recursos públicos, de vidas y bienesa ajenos, del patrimonio de nuestra vejez y de nuestro presente, siguen por la calle, tan tranquilos.
No sé vosotros, pero si yo me encontrase con estos dos carpantas por la calle, me darían ganas de irme con ellos de cena y fiesta.