Es una de las leyendas clásicas que más arraigo popular tienen. Una historia sobre el minotauro, monstruito descendiente del mismo Zeús que vivía en un laberinto bastante chungo, con una dieta a base de carne humana. El reino cretense, donde se situa el laberinto, recibe como tributo de los griegos un cierto número de jóvenes y jóvenas, que son abandonados en el laberinto para ser devorados. Hasta que llega Teseo, un chavalote bastante heróico y guapete, se liga la hija del rey de Creta, y ella le ayuda a resolver el laberinto con un ovillo de lana que le servirá de guía. Teseo lucha y vence al minotauro, consiguiendo así la libertad de los suyos.
Bueno, pues me ha venido esto a la cabeza cuando he leído los periódicos esta mañana.
Ahora resulta que Alemania piensa en ofrecer créditos a las empresas españolas, visto que aquí la cosa está muy malita. Sin querer ponerme muy nacionalista, me toca bastante los huevos. Me parece que en cierta forma, eso de enviar a nuestros curritos cualificados o no para Alemania, ya es un poco pagar en carne el tributo obligado, y si bien es muy posible que a estos trabajadores les vaya muy bien y les traten genial, también me temo la creación de una clase social, si no esclava, que tampoco es eso, sí de trabajadores de segunda, atados por leyes laborales que habrá que ir viendo y demasiado lejos de casa como para tener siquiera un apoyo familiar o estatal. No es que los de aquí tengamos mucho apoyo, eso también te lo digo.
Si ahora nuestras pequeñas y medianas empresas se convierten en empresas subvencionadas por Alemania, me parece atisbar un intervencionismo económico de nueva cuña, una deuda con otra cara, una forma de atar en corto nuestra posible recuperación y expansión. Un poco como esos siervos de la edad media, hombres libres sobre el papel, pero que estaban tan atados a la tierra en que vivían y la servidumbre a los señores, que cualquier cambio de oficio o lugar de trabajo acababa por ser imposible. Un poco como esa Atenas de la leyenda minóica, libre e independiente mientras pagase con la sangre de sus jóvenes el tributo establecido.
Lo malo es que no hay Teseos ni Ariadnas a la vista.