Siempre es lamentable que muera un buen actor. Siempre es lamentable que muera quien sabe contar historias, o recrear la Historia, porque necesitamos tanto lo uno como lo otro. Hoy se ha muerto Alfredo Landa, ese señor tan español y tan señor, y lamentarlo es poco.
Alfredo Landa, para quienes no le conozcan, si es que hay quien, era un señor bajito, serio, con bigote severo, gesto adusto y voz impagable. Un modelo, cuando hacía falta, de español de los de entonces. De esos que se comieron la transición sin novelarla, y sin quererla. De esos que salieron airosos.
Enumerar sus películas es como contar estrellas, te cansas tú antes que él, y decir que todas fueron buenas sería de tontos. Pero muchas, muchas, sí.
Poca gente nos hizo reír como él. Y poca gente, permitidme que recuerde sus cosas más serias, me puso tan cerca de la lágrima. EL CRACK, o TRISTEZA DE AMOR, son ejemplos de lo que el cine español, serio, con guión, con esfuerzo y con actores y directores comprometidos, podía lograr. Incluso entonces. Cuando “entonces” era ENTONCES.
Aún hoy, pensando en mis Españas, me lo paso como un perro con dos colas viendo LA VAQUILLA o BIBA LA BANDA, películas muy críticas, desde esa manera tan DUELO A GARROTAZOS que tenemos los españoles, de reírnos de lo que nos mata. Lo supo hacer como pocos. No fue el único, pero pocos.
Dice alguien en Twitter que, cuando se nos muera José Sacristán, echamos el cierre. Verdad puta. Verdad de las grandes. Se fue Fernando Fernan Gomez, Agustín Gonzalez se fue, se van todos y todas. Nos quedamos sin referentes de los que estaban ahí.
Mal. Todo muy mal. Hoy, un poco peor.