Pues sí, he decidido comprarme una impresora 3D. Ya sabéis cómo va eso, se trata de un cacharro que interpreta un archivo de Autocad o programas así, le mete caña a unos polímeros (plástico en polvo), bien mediante un líquido coagulante –tinta, dicen- o bien mediante el calor de un haz concentrado de luz –laser de toda la vida- y ese diseño se convierte en una pieza real, palpable, lo que viene siendo un objeto.
Esto, en principio, está muy bien para hacer maquetas de parques, edificios, aeropuertos... que luego no valen para pasear, vivir o aterrizar, pero quedan chulísimos. Vale para más cosas, y su precio, cercano a los mil euros, dicen que es asequible. Asequible. Aquí, vuestro amigo el enano, no ha visto mil euros desde la última vez que pagué la cuenta pendiente del bar.
Bueno, a lo que iba. Un chavalote de USA se ha currado una pistola con la impresora 3D. Una pistola que pega tiros de verdad, de los que matan bastante.
En principio, el tío tiene licencia para fabricar armas, y ha cumplido todos los requisitos legales, así que nada que objetar.
Lo que me preocupa es que la noticia se conozca en Españas. Aquí, ya se sabe, no cabe un tonto más. Hay que hacer España en dos pisos para seguir almacenando tontos en el de arriba.
Porque en éste país existen posibilidades muy prácticas para este invento. Por ejemplo, con un poco de imaginación, podremos hacernos prótesis en plástico chungo para nuestras caderas, rodillas y demás articulaciones, que el gobierno nos retira, ya puestas, por no poder pagar nuestra parte. Habrán leído ustedes la noticia. Es cierta.
Podríamos, también, diseñar y vender toreritos, paelleras, toritos y bailaoras. Que somos emprendedores, coño ya.
Otra aplicación, probable y útil, sería la de fabricarnos cuberterías enteras, que siempre tiene uno una boda o así y no sabe qué regalar.
Aunque es más fácil que nos dé por la cosa violenta, que empecemos a hacernos pistolas y tal. O, como somos así, ollas a presión para hacer bombas, en lugar de comprarlas como hace cualquiera. Podemos fabricarnos también cheiras, katanas o nunchakus, que somos muy así, muy de Duelo a garrotazos.
Los chinos que habitan suelo patrio serán felices, fabricando todo tipo de menaje en sus tiendas, sin tener que engañar aduaneros.
Los antidisturbios, policías cada vez más ocupados en nuestro país, pueden currarse sus propias vallas, quizá con pinchos hacia el lado del manifestante, o sus pelotas de goma dura. Que tienen las pelotas de goma muy, muy dura.
Los parados pueden fabricarse tarjetas de fichar, como si fueran a trabajar a algún sitio.
Las mujeres a las que no se permite abortar porque eso es pecado e ilegal, podrían fabricarse DIUS de contrabando, a ver si así se libran del infierno y el delito.
Los padres que rebuscan juguetes viejos en los contenedores, se harán Monster High de andar por casa para que sus niños tengan juguetes nuevos de cuando en vez.
Los que ya no tienen qué comer, podrán fabricarse botas de plástico, para hacerse un cocido como el de Charlot en aquella película.
Y así todos. La impresora en tres dimensiones será lo que nos saque de la crisis a golpe de imaginación. Qué maravilla de invento.

En fin, y ahora os dejo. Tengo que terminar de fabricarme dos docenas de condones. Por si se acaba la crisis.