No, no voy a hacer una crítica literaria, sabéis que soy poco amigo de recomendar, ya que eso es presumir de que uno tiene criterio. Líbreme Crom de tal pedantería.
He puesto este título al presente artículo porque, la verdad, me viene a la cabeza esta novela pensando en lo que ayer ocurrió, o no ocurrió, en torno al Congreso de los Diputados de mis Españas dolientes.
Sostiene Pereira, para quienes no la hayan leído -está cerca de ser imprescindible y desde luego, recomendable es-, nos cuenta la historia de un periodista que vive bajo un régimen totalitario, sin involucrarse en ningún sentido. Su relación con un joven periodista y otras circunstancias que no enumeraré, dejando para los interesados este análisis en comohanpasado.blogspot.com.es/2005/11/sostiene-pereira-antonio-tabucchi.html , acaban por provocar la reacción de Pereira, su implicación en contra del régimen que agobia a su pueblo, y por tanto un cambio radical en su vida.
Uno de los personajes dirá a Pereira en determinado momento que es necesario distinguir entre la fe y el fanatismo. Eso, creo yo, es algo en lo que pensar.

Ayer había gente que quería acercarse al Congreso, sede de nuestro mal gobierno, para decir que así, no. Había gente, también, que quería prender fuego al edificio con todos sus ocupantes habituales dentro. Fe y fanatismo. Fe en que es posible cambiar las cosas, a mejor, con el empuje del deseo, de la acción pacífica, de la protesta legítima. Fanatismo en la búsqueda de una revolución, deseable pero inconveniente, si se escribe con sangre. Por supuesto, pocas revoluciones admiten otra tinta. Y ha sido necesaria en ocasiones, pero lo que necesita una revolución para tener sentido es ofrecer opciones a aquello contra lo que se lucha. Si no es así, se trata de violencia gratuita, de la vacua expulsión de heces acumuladas. Exagerando si quieren, matanza.
La matanza no ha llevado nunca a nada bueno. A nada, casi nunca.
Decir que la poca presencia de gente en torno al Congreso en el día de ayer es un fracaso de los que buscan cambiar el sistema es, a mi entender, una tontería. Lo oirán ustedes en radio y televisión, hoy mismo. Lo verán en los periódicos. Creo que es mentira.
Lo de ayer es, sobre todo, una muestra clara de que somos demócratas, constructivos, buena gente. No se acudió en masa, como se ha hecho en otras convocatorias, porque precisamente la convocatoria era errónea en su exposición de los objetivos. Ir con antorchas a atacar lo que está mal, como aldeanos contra el monstruo refugiado en el molino, es algo que no deseamos hacer. Queremos ir a las urnas, a los estamentos públicos, a las redes sociales. Queremos vencer y convencer. Queremos elegir, intentar mejorar, progresar y recuperarnos. No queremos matar a nadie. Ni queremos que nos maten.
Así de simple.

Al final, Pereira cambia radicalmente de postura. España, hasta ahora, ayer se ha demostrado, se mantiene en la coherencia. La coherencia de quien busca el cambio sin la violencia. Y eso, digan lo que digan, ni es nazismo, ni es radicalismo de izquierdas, ni es criminalidad, ni es revolución. Es evolución y toma de conciencia, es democracia. Felicidades, ciudadanos. Es hora de dejar de ser pueblo, vasallos, ovejas.

“Haré lo que pueda, pero no es fácil hacer lo que se puede en un país como esté para una persona como yo"
Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi