Aclarando desde un principio que ni tengo hipoteca ni la tendré, ni creo que cambie mi punto de vista sobre la propiedad privada (bakuniano que es uno), siempre he pensado que cada uno hace con su dinero lo que quiere, aunque comprarse un piso, ni se hace con el dinero propio, ni siempre se quiere. Es como lavarse la polla, que lo hacemos porque así es más fácil que nos jodan.
Ahora que todos conocemos los muchos usos y abusos, que se han formado eméritas y maravillosas plataformas ciudadanas, que realmente el pueblo se mueve, hace ruido y se le escucha, hay que agradecer lo que está pasando.
La Europa esta de ahí fuera ha dicho que no, que lo hacemos mal, que el consumidor tiene derechos que no se respetan y que así no. Pronto, aún no pero pronto, los jueces podrán detener un desahucio así de oficio, y los bancos perderán parte del chollo-trampa que representa el quedarse con los pisos a precio de saldo. Yupi.
Pero, como ya hemos segado muchos campos desde que se instauró el estado del bienestar, no nos lo creemos del todo. Estas iniciativas y su desarrollo -hasta su potencial, que podéis leer en blogs más serios o en eso que usan los ferreteros para envolver una docena de perrillos, periódicos creo que se llaman- obligarán al gobierno a legislar de diferente manera. Y detendrán muchos, muchos procesos en marcha. Dejarán otros al aire. Pero se perderá, será imposible aplicar, uno de los conceptos más discutibles y majetes de muchas leyes. La retroactividad.
Se supone que al promulgarse una ley debe considerarse su aplicación si ésta favorece a la parte más débil frente a dicha ley. Por supuesto, puede afectar a la seguridad jurídica y otras cosas que me mencionó un magistrado tomando cervezas, pero se supone que ayuda al débil, y algo de eso hay en el espíritu del ordenamiento jurídico.
En los casos que hablamos, el más débil es el que se ha quedado sin casa, y por tanto está jodido y pagando. El banco, que tendrá esa casa en propiedad o la revenderá, no pierde nunca. Ahora viene el conflicto del que ha comprado o alquilado esa casa, una vez pasa a ser patrimonio bancario. Porque ni de coña vamos a devolver la casa a quienes ya están desahuciados, ni echar al que ahora vive en ella. No vamos a buscar realojos, planes de alquiler, o cualquier otra opción. Los bancos usarán este arma para que nos matemos un poco entre nosotros y tal.
En esto pasa un poco como en el sexo; cuando uno quiere cambiar de postura, resulta demasiado tarde.
Dejando a un lado las consideraciones sobre nuevos vagabundos, comedores sociales y suicidados recientes, hay que decir que la intervención de la UE resulta refrescante, y que debemos agradecer mucho a los jueces españoles que han movido el tema. Servirá para poco, pero servirá.
Sólo falta que el resto de las leyes españolas sean diseñadas y revisadas por jueces y magistrados de la UE. Porque está claro que, cuando las leyes las hacen los políticos, no sirven para nada. Como cuando hacen política.