Hace ya muchos años, en estas Españas queridas, se puso en marcha la Ley de Vagos y Maleantes -aprobada por la República, siento decir- que trataba de evitar que nómadas, vagabundos y proxenetas campasen libremente por las calles. Decía dicha ley que son individuos peligrosos los que vivan profesionalmente de la mendicidad o exploten a terceros, los que practiquen juegos de apuestas prohibidos, los rufianes y proxenetas, los ebrios o toxicómanos habituales y quienes no puedan justificar de forma legítima la posesión de bienes o dinero...
Estos individuos, dice la ley, podrán ser internados en colonias agrícolas o establecimientos de trabajo durante un tiempo inferior a tres años, e incluso ser expulsados del país.
La cosa estaba en que las colonias agrícolas y las casas de templanza, lugares que sobre el papel estarían destinados a la reinserción de los vagos y maleantes, no existieron nunca de forma efectiva, por lo que los reos iban a la cárcel, separados de otros reclusos. Un fallo de la política penitenciaria, que sigue más o menos igual.
Ya cuando Franco subió al poder (lo de subir es complicado, era muy bajito), se incluyó a los homosexuales entre estas amenazas sociales, pudiendo estos ir a la cárcel sin mayor trámite y durante periodos sujetos a la voluntad del juez. Vergüenza de ser español, la verdad.
En fin, que la dicha ley quedó en vigor durante muchos años, aunque no se aplicaba -no nos extrañe, tenemos por ahí leyes del siglo XIX bailando- y desapareció ya en plena democracia.

Os estaréis preguntando qué bobada le ha dado al enano para contaros esto. Bueno, pues que resulta que un abogado, ocupado en la defensa de cuatro neonazis que apalizaron a un vagabundo por dormir en un cajero, basa parte de esta defensa en lo bien que iba todo con esas leyes y en esos tiempos. Movería a risa -dejando aparte que el mendigo acabó con más cardenales que la capilla Sixtina- si no fuese porque, curioseando los detalles de la tal ley por la web para escribir estas letras, me he encontrado con que realmente hay mucha gente dispuesta, supongo que desde la ignorancia, a apoyar su puesta en vigor. Miedo me da ser de las Españas.
Claro que podríamos entruyar a Bárcenas, por no justificar de dónde le viene el dinero. Pero miedo me da.