Nunca pensé que me vería disfrutando de un segundo cónclave. Disfrutando, digo, no porque me haga espcial ilusión que muera un Papa -cualquier sacerdote me sirve- sino porque, como pasa cada muchos años, creí que me moriría antes.
Hay que reconocer que cristianos, ateos y seguidores de Crom nos tragamos casi con la misma atención toda la liturgia y ceremonia que acompaña a la elección del Príncipe de la Iglesia, supongo que porque el ser humano es muy dado a los símbolos, a lo que tienen de estabilidad emocional y clavo ardiendo de otros males. Nos gusta que algunas cosas permanezcan en su continente, aunque no nos importe mucho su contenido, si lo tienen.
Pero somos también humanos en nuestra búsqueda del cambio, del progreso, de la novedad. Y aunque no es cosa de que la fumata blanca sea sustiuida por LEDs en la fachada de San Pedro o anunciar al elegido por las redes sociales (OLA KE ASE SOY PAPA O KE ASE se me antoja inadecuado) hay aplicaciones útiles y modernillas.
La que me llama la atención hoy es la de las apuestas por internet. Sí, no sólo se apuesta por los resultados de los partidos on line, lejos ya de esas tabernas llenas de humo en cuya mesa pringosa, envuelto en la ronquera de la anís seca, se aposentaba el Cararata o el Chunguillo, recibiendo tu cash y anotando en una libreta vieja y casidesencuadernada, de hojas sujetas por una goma elástica, cuál era tu apuesta y a cuánto iba. Se acabó el glamour, ahora ya podemos hacerlo desde el teclado.
Y la elección de Papa también es susceptible de pronósticos interesados. Cincuenta países y no sé los millones de euros están ya implicados, siendo el favorito Scola para la victoria.
No sé si los cristianos juegan en esto con ventaja, por lo de la inspiración divina, o si algún favorito habrá apostado contra sí mismo y hará tongo en el cónclave, tirando la toalla, o la tiara, para sacarse unos cuartos. Quiza la apuesta se cobre en evangélicas monedas de plata, y uno esté obligado a dar la parte proporcional a la iglesia en su declaración de la renta, apartado Premios y Concursos. A lo mejor esto es sólo otra muestra del cada vez menor prestigio de la institución, o un síntoma de interés creciente. Un cachondeo, creo yo.
En todo caso, yo he apostado por Peter Turkson. Que no tengo ni idea de qué programa desarrollará, qué currículo o creencias tiene. Es que, pregúntale al Chunguillo, para los Papas y las ruletas, yo siempre apuesto al negro.