De gallos, chivos y pericos por Rodrigo Márquez Tizano Navegando por internet me encuentro con cantidades industriales de foros dedicados a la memoria del malogrado Valentín Elizalde, quién fue ejecutado en Reynosa al término de un concierto. Algunos meses antes ya circulaba por la red un video con imágenes gore, donde miembros de Los Zetas (sicarios al servicio del Cartel del Golfo) eran asesinados y mutilados. Este numerito digital, montado por algunos simpatizantes del Chapo Guzmán y el Cartel de Sinaloa, fue musicalizado con la canción “A Mis Enemigos”, interpretada por Elizalde, “El Gallo de Oro”, lo que presuntamente le costó la vida en la ciudad Tamaulipeca, uno de los brazos más temibles de los del Golfo. De los 67 impactos de bala calibre 38. que se encontraron en la “troca” del cantante sinaloense , 28 horadaron su cuerpo. Antiguamente los heraldos eran aquellos encargados de transmitir las noticias a los monarcas y regidores. No existía tregua alguna. Si las nuevas eran de mal fario, el emisario era liquidado inmediatamente. Luego, los bardos y juglares eran premiados por componer, memorizar e interpretar las gestas de los héroes locales y por representar la realidad social de un modo lúdico y artístico. La tradición oral naciente del romance español floreció con más ahínco en nuestra tierra y el corrido surgió como el madrigal descendente de esta disciplina épica-narrativa. De las actividades ilícitas del siglo pasado quizá las que más polémica e hipocresía genera, es el narcotráfico; por lo tanto la gresca autoral se ha tornado hacia estos acontecimientos. Las realidades avanzan pero el fondo permanece, tanto que aún se alaban las actividades delictivas como un espejeo del inconciente colectivo en represión; de un pasado revolucionario con caballos y rifles a cuernos de chivo y suburbans doradas. Es así como el narcocorrido se convierte en un remolino de temas por encargo, con el cometido preciso de humillar a los rivales de quien paga al artista para que enaltezca sus hazañas. Otros músicos populares como Los Razos, Julio Preciado o Los Tucanes de Tijuana han recibido amenazas y la familia Elizalde al fin ha decidido abandonar el género del narcocorrido y las canciones violentas para evitar mas decesos. Las historias de estos Mercurios de la paca y el contrabando no parecen tan localistas después de todo. La costumbre de amarrar trifulcas y solucionar cuentas pendientes por medio de la música es una cuestión a la que estamos acostumbrados. Sonoridad aparte, la criminalidad generada en el norte de México se hermana a los estruendos de las comunidades raperas de las Costas Este Y Oeste en los Estados Unidos. Los asesinatos de Notorius B.I.G. y Tupac Shakur son los dos casos más conocidos de esta rivalidad que ha cobrado muchas víctimas. Los paralelismos son sorprendentes y el riesgo de contagio de un modus vivendi de lujos, dinero fácil, autos blindados y soberbia respaldada por mucha plata y poder es muy alto. Actualmente solo basta encender el televisor o la radio para escuchar montones de propaganda política contra el narcotráfico. El presidente trata de unir al pueblo disfrazándose de chiva para luego aparecer a cuadro vestido de verde militar declarándole la guerra al narco, apremiando operativos a Michoacán para quemar sustancias ilegales, desmantelar laboratorios y capturar capos. La realidad está muy alejada de lo que los medios nos muestran. El traficante ofrece una imagen siempre de buen tipo para los suyos; es caritativo, construye casas, otorga protección. Surge así, entre la gente, la idea de que después de todo, el traficante no es un delincuente al que se debería denunciar; porque un capo, con su propios recursos, hace lo que muchos políticos y gobernantes no pueden hacer: Ofrece opciones laborales y financieras. Mientras tanto el resto de la población sigue separada en dos bandos, como la Costa Este y Oeste, como Los del Golfo y Los de Sinaloa; solo que somos más numerosos y pasivos a la hora de violentar. Mientras observo su autopsia en You Tube imagino a Valentín rimar desde un lugar innombrable: “Calderón, ¿Que vas a hacer?”