Era de esperar...después del atropello a aquella calavera, Cosito huyó hacia la facultad de filosofía, donde imparte clases.

Se montó en un autobús, en el que todos los días le deja en la puerta de la facultad
. Estaba tan nervioso que se le ocurrió probar el método socrático con el conductor del autobús que coge todos los días. Al final acabó cuestionando si un secreta que también iba en el autobús, y que él no sabía que era un secreta, era un traficante de drogas sintéticas o una drakqueen prostituta por las noches...de momento le acusan de escándalo público, desacato a la autoridad y agresión a un agente de la ley, aparte del atropello, claro, y de uso de vehículos ilegales sin ni siquiera permiso de conducir...

Hemos encontrado un abogado para Cosito. Está lo suficientemente loco como para querer defenderle, y por un precio módico no valorado en dinero, si no en comida: el precio es que le demos de comer al menos una vez al día en casa...
Calaverito No nos pareció mal hasta que vimos que el propio abogado era la misma calavera a la que atropelló Cosito...Pero en fin, dijo que no le importaba, que eran casos diferentes y que él se las apañaría. Y todo sea por salvar a nuestro loco de prisión. Pero, ¡cómo come el condenado!

El problema ahora es que Cosito no quiere ese abogado. Bueno, ni ese abogado ni ninguno: dice que se quiere defender él solito. Al final cedió, ya que vió una furia nunca conocida desatada en, aquí, la narradora y sintió que su vida podía correr cierto peligro...pero ha dicho que si en un mes no lo consigue arreglar todo, que él se las apañará por su cuenta.


Veremos cómo evolucionan los acontecimientos...