Es lo que tiene ser filósofo, creerse sabio y todo eso: que te tienes que saber un montón de cosas para poder citarlas, que tienes que leer o al menos tener libros y decir que lees...en fin, este es y aquí se encuentra.
Pero en la ciudad de los libros todo es inesperado, aunque en la ronda de los presocráticos se siente en su salsa, la calle de la vanguardia saca a la luz las pesadillas que nadie quiere ver, el puro arte que ni siquiera Cosito soporta...la avenida de la bohemia es otra cosa, por supuesto, pero no hay talento comparable a la plaza del teatro del absurdo ni a la manzana del género chico ¡qué salero!
Cosito se lo pasa muy bien con otros filósofos, tan altaneros a la vez que pequeños (unos 6cm aprox.) como él, paseando por las calles de la ciudad de los libros.