Hace ya mucho tiempo que Ducky volvió del país de las Maravillas. Era una niña cuando vivió mil y una aventuras al cruzar el espejo.
Lo que nadie sabe es cómo siguió su historia.
Ducky creció, se enamoró, se casó y más tarde nacieron sus hijos.
Hoy vive rodeada de su familia y sus amigos. Su vida transcurre en paz y se siente feliz. De vez en cuando, recuerda su aventura de niña en el país de las Maravillas.
Un día, mientras limpiaba su ordenador, se dió cuenta de que su mano podía atravesar la pantalla de la misma forma que hace mucho tiempo cruzara el espejo. La tentación y la curiosidad era grande de manera que sin pensarlo dos veces cruzó al otro lado de la pantalla.
Apareció antes sus ojos un increíble paisaje llenísimo de caminos y que le llevaban a allí a donde su imaginación quería. Era rápido como el pensamiento.
Un pensamiento, y podía comunicarse con cualquier persona, en cualquier parte del mundo. Visitar todos los sitios reales e imaginarios, tan sólo con desearlo.
Al principio se asustó un poco y decició volver a cruzar la pantalla del ordenador y volver a su vida tranquila y segura.
Pero una vez se dió cuenta de que no había peligro, que podía controlar la entrada y la salida a ese mundo fantástico y que su imaginación al otro lado no tenía límites, terminó acostumbrándose a visitarlo con frecuencia.
Le gustaba pasear por sus avenidas mirando aquí y allá. Como siempre había sido curiosa, aprendía cuanto podía.
Encontró su refugio allí.