La lucha entre nuestra condición natural y nuestra condición cultural.Popper ofrece una concepción de la realidad estructurada en tres mundos: el mundo 1, el objetivo natural; el mundo 2, el subjetivo; y el mundo 3, el objetivo simbólico (este es fundamentalmente humano, el mundo de la palabra, los inventos culturales que se constituyen como la realidad humana). Para Aristóteles, el estudio de lo real incumbe a la metafísica, que trata de lo que existe en cuanto existe, y de la que cabe esperar que dé criterios para distinguir lo que existe de lo que sólo parece existir. El uso de "parecer" por oposición a "ser" no sólo es de sentido común, sino que es también una tradición constante en la filosofía. La filosofía griega, desde los presocráticos a los grandes sistemáticos, como Platón y Aristóteles, plantea la cuestión fundamental de qué hay que entender por "real", ya sea como arkhé, forma, sustancia o átomos. Heráclito y Parménides son modelos iniciales y opuestos en el planteamiento del problema: lo que hay es pura apariencia, o, al contrario, esta pura apariencia es realmente lo único que puede conocerse y lo que, por esto mismo, es. Platón construye su teoría de las Ideas para combatir el punto de vista del sofista Protágoras, según el cual las cosas son lo que al hombre le parece que son. En todo caso, la historia de la filosofía enseña que la cuestión de qué es real se responde desde una teoría del conocimiento. Aunque siempre ha sido evidente que lo que las cosas son se conoce desde una cierta perspectiva, la que ofrece la percepción, la propia experiencia, el conocimiento previo y hasta la propia época. Kant hace consistir, en el aparecer del fenómeno, la configuración misma de la experiencia, en el sentido de que conocer algo es poder constituirlo en objeto de experiencia, según las condiciones de posibilidad que el propio sujeto determina; lo que la cosas son ya no puede quedar separado ni del percibirlas ni del entenderlas, pero tampoco del poder percibirlas y poder entenderlas. El idealismo alemán posterior extrema al máximo la producción de la realidad por el espíritu: "todo lo racional es real y todo lo real es racional". El "nuevo realismo" y el realismo crítico de comienzos de siglo intentan desenmarañar la red compleja entre lo real y lo percibido. La filosofía analítica, la filosofía del lenguaje y las nuevas teorías epistemológicas de filosofía de la ciencia replantean el problema de la realidad, y buscan nuevos criterios de decisión para determinar cuándo puede decirse que un enunciado (empírico) es verdadero (manera epistemológica de decidir sobre lo que se entiende por "real"). Hay una realidad concreta: está estructurada por objetos, ideas y reglas. Los objetos se refieren a artefactos creados por la cultura: dinero, ropa, libros, etc. Las ideas son constructos insertados en la sociedad para establecer un orden determinado: tiempo, espacio, patria, familia, etc. Las reglas nos dicen cómo jugar cada uno de los juegos socialmente determinados. Es una realidad muy engañosa puesto que las personas pueden llegar a pensar de que se trata de una realidad realmente real.Hay otra realidad, la realidad fantástica: es una realidad que se sabe de antemano que no es real, se hace exactamente lo mismo que en la anterior, es decir, se inventa, pero no se impone ni se pregona que se ha descubierto una verdad, su más alta expresión es el arte en todas sus formas. Para Marx, el sujeto, lejos de ser una noción que no supone problematicidad alguna, se halla inmerso en una situación en la que la base económica, compuesta por las relaciones de producción y las fuerzas productivas propias del capitalismo lo convierten en un ser enajenado, un ser que no se pertenece a sí mismo, como demuestra Marx a través de la teoría de la plusvalía. Para Nietzsche, el sujeto, en realidad, se halla inmerso en esa jaula de los valores tradicionales adquiridos, impuestos por una supuesta autoridad moral ajena al propio sujeto. Para Freud el sujeto o la personalidad, lejos de estar constituidos ingenuamente por lo aparente, por lo que se nos presenta ante nuestros ojos, es producto de lo inconsciente, y esos contenidos inconscientes afloran en el sujeto en sus sueños, a través de la terapia y, por supuesto, en una conducta no siempre fácil de descifrar. Friedrich Nietzsche, en su obra Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, critica el lenguaje y la idea de verdad, pues ésta es una mentira colectiva. La verdad sería, convencional. El hombre ansía, dice Nietzsche, las consecuencias agradables de la verdad, es decir, las que mantienen la vida y es indiferente frente a las verdades susceptibles de efectos perjudiciales o destructivos. Nietzsche se pregunta con clara ironía si concuerdan las designaciones y las cosas (lenguaje referencial) y si es el lenguaje la expresión adecuada de todas las realidades. En unas palabras profundamente irónicas expresa lo siguiente: "Dividimos las cosas en géneros, caracterizamos al árbol como masculino y a la planta como femenino: ¡qué extrapolación tan arbitraria! ¡A qué altura volamos por encima del canon de la certeza! [...] con las palabras jamás se llega a la verdad ni a una expresión adecuada pues, en caso contrario, no habría tantos lenguajes" (Sobre verdad 22). Para Nietzsche la verdad o las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son. "Sólo hemos prestado atención [...] al compromiso de mentir de acuerdo con una convención firme, mentir borreguilmente, de acuerdo con un estilo vinculante para todos". El hombre desde la antigüedad fue concebido como la medida de todas las cosas y "le cuesta trabajo reconocer ante sí mismo que el insecto o el pájaro perciben otro mundo completamente diferente al del hombre y que la cuestión de cuál de las dos percepciones del mundo es la correcta carece totalmente de sentido, ya que para decidir sobre ello tendríamos que medir con la medida de la percepción correcta, es decir, con una medida de la que no se dispone". Sin la palabra no sería posible el mundo simbólico, la función denotativa del lenguaje se convierte en conativa: ¡la palabra se hace realidad! El mundo humano es el mundo que se puede nombrar. En la realidad fantástica todo es posible: las palabras pueden abandonar el diccionario y adueñarse de nuevos significados (poesía), los sonidos naturales pueden distorsionarse y convertirse en nuevos sonidos (música), los movimientos dejar de aplicarse a las herramientas de trabajo liberándose de las exigencias del entorno (danza), la representación visual de la realidad natural puede modificarse con el pincel o el cincel (pintura, escultura), la voz humana volverse música (canto), las reglas de la competencia convertirse en un juego (deporte), el quehacer cotidiano convertirse en representaciones fingidas (teatro, cine), la propia realidad fantástica convertirse en aparente cotidianeidad (teatro, cine), una simple idea o un elemento de la realidad natural plasmarse disimuladamente en un lugar de un artefacto cotidiano (artesanía), etcétera. Para cerrar digo que el ser humano construye la realidad que no posee.