No hay que pasar por alto que los seres humanos somos fundamentalmente animales. La idea del adjetivo racionales que repetimos y de la que a menudo nos olvidamos, probablemente porque influidos por la sociedad acostumbramos a insistir en cuántos rasgos nos diferencian.La realidad es que somos animales,organismos pluricelulares que obtenemos energía de la ingestión de otros organismos, precisamente porque no somos ni vegetales, ni bacterias, ni seres unicelulares. Hemos transformado la naturaleza a nuestro antojo, hemos modelado una visión del mundo muy particular que, basándose en nuestra conciencia, nos sitúa en el centro del universo. Esta concepción antropocéntrica que hace que el ser humano, por considerarse superior a los demás, reniegue de todo lo que nos acerca al resto de los animales. De hecho, a medida que se retrocede en el tiempo o se analiza la relación con el entorno en sociedades supuestamente "menos desarrolladas", aumenta el respeto por su medio de vida, en este caso la naturaleza y, en particular, por los animales.
Las tribus primitivas sentían admiración por todo aquello que les rodeaba normalmente un animal, aunque también podía tratarse de un fenómeno atmosférico por el que sintieran un profundo respeto.Este tipo de prácticas han sido sustituidas en la sociedad actual por el culto al hombre. El modelo del ser humano es el mismo hombre. Se ha pasado de idolatrar a los animales y, por tanto, de valorar todo lo que nos acercaba a ellos, a subirnos a nosotros mismos en un pedestal y utilizar todo lo que nos rodea exclusivamente en beneficio propio.Para justificar esto ha sido necesario,potenciar nuestras diferencias.Los indicios apuntan a que el uso del lenguaje no parece ser exclusivo del hombre. Así lo indican, por ejemplo, las últimas experiencias que a través de un sistema de ordenadores y sintetizadores los chimpancés pueden componer frases y mantener una conversación con sus cuidadores, una chimpancé ha llegado a controlar un vocabulario de 3.000 palabras y es capaz de utilizar con acierto conceptos como bueno, malo o ayuda, entre otros muchos.
El hombre maneja el lenguaje con la misma facilidad con la que emplea todas las herramientas que encuentra a su alcance para conseguir sus fines. En la evolución, paso de apoyarse en las cuatro extremidades para cambiar a la posición bípeda que permitió que las manos quedaran libres y actuaran por su cuenta.Esta postura un tanto "antinatural",nos acarrea algunas dificultades, origen de los numerosos problemas de espalda que muchos padecemos y de enfermedades como la artrosis de columna, cadera y rodilla, además de buena parte de los problemas en los pies. Nuestra manos están libres, y a esto debemos gran parte de nuestro desarrollo, pero el resto de cuerpo no ha dejado de sufrir las consecuencias de mantener esta posición forzada. Nuestro parecido con otros animales se limita a los primates, que disponen de extremidades superiores prensiles de las que pueden valerse para capturar y con las que se apoyan para caminar como nuestros antepasados. Las sociedades y las culturas de los hombres se han construido sobre costumbres ancestrales, estableciéndose de mutuo acuerdo, con normas y castigos para quienes no desean cumplirlas. La preferencia de unos alimentos o la distribución de las comidas están condicionadas por la cultura. Pero no las señales del cuerpo que nos indican que tenemos hambre o ses. En la aparición del sueño en el hombre intervienen tantos motivos físicos como aprendidos. Los niños duermen a su antojo, los adultos establecen un sistema de alternancia del sueño y vigilia programado y después de comer tanto en los hombres como en otros animales,duermen la siesta . Nuestro cuerpo nos comunica la necesidad de ingerir alimentos y nos indica que hay que eliminar lo que no ha sido asimilado. El mecanismo es el mismo en los animales que, como los niños y a diferencia del hombre adulto, no están condicionados para controlar sus esfínteres. También nos parecemos al resto de nuestros amigos en la tendencia instintiva a evitar el dolor. Lo mismo ocurre con la búsqueda del placer, que en el comportamiento sexual de los hombres se antepone al interés de perpetuar la especie.
La conciencia humana de la muerte no parece encontrar réplica en el mundo animal. Lejos de calcular su final, los elefantes enfermos acuden a los supuestos cementerios buscando el frescor del agua y la sombra de los árboles. Para nosotros, parecemos lamentar y resistirnos a la pérdida de un ser querido. Es conocido el caso de un gorila que intentó alimentar durante días el cuerpo sin vida de su cría. Y es que si hay un principio vigente en el reino animal que todos compartimos, es el de la lucha sin descanso por la supervivencia. Deberíamos recordar que nuestros parientes animales sólo matan si tienen hambre .