La teoría de las supercuerdas es actualmente la hipótesis más avanzada y prometedora hacia el descubrimiento de los fundamentos últimos de la materia. Todas las partículas que constituyen la materia (protones, neutrones, electrones, quarks, fotones, etc) estaria hecha de emanación de una sola entidad, llamada "supercuerda" y que sería en realidad un vibración, un poco como una nota musical. Según su amplitud de onda de esta vibración, la cuerda aparecería como tal o tal partícula en el mundo de la materia. Desde ese punto de vista, el universo sería ... música. "Estaba sentado una noche al borde del océano una noche de verano, mirando desfilar las olas y sintiendo el ritmo de mi respiración, cuando tome de repente conciencia de todo mi medio ambiente como estando implicado en una gigantesca danza cósmica. Siendo físico, sabía que la arena, las rocas, el agua, el aire alrededor de mí estaba compuesto de moléculas vibrantes y de átomos, consistiendo en partículas que crean y destruyen otra por interacción. Yo sabía también que la atmósfera de la Tierra estaba continuamente bombardeada por las lluvias de rayos cósmicos, partículas de alta energía sometidas a múltiples colisiones cuando penetran el aire. Todo esto me era familiar por mi investigación en física sobre altas energías, pero hasta ahí, solo lo había experimentado a través de gráficos, de diagramas, y de teorías matemáticas. Mientras quedaba en la playa, mis experimentos teóricos pasados se volvieron vivientes. Vi cascadas de energía bajar del espacio en cuyo seno las partículas estaban creadas y destruidas según las pulsaciones rítmicas. Vi los átomos de los elementos y los de mi cuerpo participar a esta danza cósmica de la energía. Sentía los ritmos y entendía los sonidos, y a ese momento preciso, supe que era la danza de Shiva, el señor de la danza adorada por los hindúes (Fritjof Capra, El Tao de la Física)". La Naturaleza y el Universo podrían ser en realidad mucho más de lo que se sabe. Según muchas tradiciones espirituales la Naturaleza es el ser que nos ha creado y del que formamos parte. Y para muchos, es un ser sagrado e inteligente.La idea de que formamos parte de un Ser sagrado e inteligente es hoy desechada como "poco científica" por muchos "expertos" occidentales. Y sin embargo, la física cuántica muestra:1) que la conciencia tiene un papel muy destacado en la realidad, hasta el punto de que el mismo experimento da diferentes resultados dependiendo de si es o no observado, y 2) que existe una interconexión entre todas las cosas, de forma que ciertas informaciones pueden transmitirse instántaneamente, mucho más rápido por tanto que la velocidad de la luz. También la teoría Gaia (que explica los procesos de autoregulación del planeta Tierra, que podría ser así considerado un "ser vivo" por derecho propio) muestra que somos parte de algo más grande que nosotros, e indudablemente inteligente. Y cada día que pasa surgen más evidencias que cuestionan el paradigma mecanicista. Se va así abriendo paso la necesidad de un nuevo paradigma que permita dotar de sentido a los nuevos conocimientos y, a la vez, iluminar nuestro mundo de forma más sabia que el viejo mecanicismo. El científico F. Capra dijo en una entrevista:"Creo que en la comunidad científica el misticismo se tenía por algo muy vago, que describía algo confuso, nebuloso y muy acientífico. Ahora bien, ver que la teoría tan acariciada por uno se compara con esta actividad sumamente acientífica resulta amenazante para los físicos. Se lo he oído decir a muchos de ellos. Por otro lado sé que algunos de los grandes físicos de nuestro siglo se enriquecieron enormemente al reconocer que los conceptos básicos de sus teorías eran semejantes a los de las tradiciones místicas. Algunos lo encontraron difícil al principio. Pero finalmente lo consideraban como un gran enriquecimiento intelectual y cultural de sus vidas. El primero fue Heisenberg". Albert Einstein, re-evoluciono el conocimiento, que en el lenguaje científico denominan "annus mirabiilis" (año milagroso) estableciendo que el tiempo no fluye a un ritmo constante.Ideó el concepto "espacio-tiempo", modificando las ideas de Isaac Newton ¡que se aceptaron por más de 100 años !, quien sostenía que el tiempo fluía a un ritmo constante, demostrando que el tiempo ¡no es absoluto!, que depende del observador y por lo tanto ¡es relativo!. "Si uno pone la mano sobre la estufa caliente durante un minuto siente que paso una hora pero si uno pasa una hora con su novia cree que paso un minuto", explicaba en sus conferencias. Por lo que, aunque nuestra percepción nos hace creer que el tiempo fluye a un ritmo constante ¡ es una falsa impresión!. Para explicar y demostrar el efecto fotoeléctrico utilizo el concepto de "cuanto" y que la luz se compone de partículas cuyo efecto consiste en que cuando un haz de luz se dirige contra un metal, éste despide ¡electrones!, desentrañando la naturaleza dual de la luz ¡la cual se comporta como partícula y como onda! contribución fundamental para el desarrollo de la mecánica cuántica pero ¡de la cual él mismo no estaba convencido! a pesar de que consideraba ese trabajo como el único revolucionario, por el cual obtuvo en 1921 el Premio Nóbel de Física. El propio padre de la ciencia, Renatus Cartesius, más conocido como René Descartes, no era partidario de esta concepción materialista . El dualismo cartesiano separaba las cosas existentes en dos grandes categorías que podemos denominar ideas y materia (res cogitans y res extensa, respectivamente). Descartes sostuvo que la existencia se fundaba en las ideas y no en la materia. En efecto, su famosa frase “pienso, luego existo” (cogito ergo sum) en realidad debiéramos traducirla a un lenguaje más técnico como “tengo conciencia, por lo tanto soy”. Con ello, Descartes quería significar que el sustrato último del ser es la conciencia o la mente y no la materia. Pero el reduccionismo cartesiano establece que, en ciencias, la última palabra la tiene siempre el físico y ninguna otra especialidad científica puede contradecirlo. Es por este motivo que el dualismo idealista de Descartes se invierte y, finalmente, la explicación física, que apela a la materia y la energía (recordemos que para la física contemporánea materia y energía son intercambiables, son dos formas distintas de una sola cosa), se termina consolidando como la respuesta última de la ciencia ante cualquier pregunta y, en particular, ante cualquier pregunta de naturaleza cosmogónica. El puente que se está tendiendo hoy en día entre la ciencia budista y la ciencia cosmopolita dará frutos cuando se descubra que la falta de solidez del paradigma materialista radica en que los problemas que para el físico son demasiado duros de roer no pueden ser reducidos a problemas metafísicos y pretender que continúen estando en el ámbito de la ciencia, pero sí pueden ser reducidos a una eventual ciencia contemplativa que podría llegar a gestarse en el futuro. Esa ciencia contemplativa podría ser reivindicar los postulados de Descartes y cerrando el círculo reduccionista que en la actualidad es lineal y descansa sobre la física como un gigante con pies de barro.Mansfield, con un lenguaje claro y atractivo, en su libro Tibetan Buddhism and Modern Physics describe cómo el principio del vacío (lo carente de realidad, sin identidad, lo deshabitado), núcleo filosófico del budismo tibetano, está íntimamente relacionado con la no-localidad cuántica y otras características fundacionales de la mecánica de la física subatómica. Detalladas conexiones entre el vacío, el principio de la relatividad, y la naturaleza del tiempo también han sido exploradas por el autor. Para los budistas tibetanos, la interconexión profunda que implica el vacío demanda la práctica de la compasión universal. Dada la relación que Mansfield y otros pensadores han visto entre dicho sunyata y el vacío descrito por la física cuántica, esta rama de la ciencia debería animar también a una actitud compasiva hacia todo lo que nos rodea. Pero el libro no se centra sólo en las similitudes entre física cuántica y budismo, sino que también explora un conflicto significativo que surge entre ambas líneas de conocimiento: las consideraciones acerca de la causalidad. En física, la causalidad se limita a describir la relación entre causas y efectos. En el budismo, por el contrario, la causalidad ha tenido siempre un significado espiritual, esto es, jamás es ciega sino que está llena de sentido (los actos de cada sujeto tienen efectos y estos efectos volverán siempre al sujeto por la interdependencia entre éste y la totalidad del cosmos). En resumen, nadie puede librarse de su karma.
Todos estos autores coinciden en señalar los puntos de concordancia entre filosofías orientales y ciencia moderna. Entre ellos, además de la concepción del vacío, se encuentra la idea del universo como una totalidad indivisible, es decir, la interconexión entre todas las cosas, particularmente entre el observador y lo observado, eje central de la teoría de la relatividad y de la mecánica cuántica
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