Ella grita y me enloquece,
se rebela una y otra vez,
gime y llora,
me incita,
me perturba y me hostiga,
me agita como una leve pluma
en una tempestad,
sin control...
 
Tras la ventana
todo parece tranquilo,
cada cosa en su lugar,
cada cosa en su sitio,
y yo siento el alma fría 
y un gran espacio vacío,
húmedo y helado
que a cada segundo
amenaza engullirme para siempre,
llevándome a un lugar del que nunca volveré a salir...