Si sonaba el teléfono lo apagaba al instante. Solo me levanté con
la voz de mi madre retando un “¿te quedas no?”. El agua de la
ducha estuvo más caliente que otros días, aunque si me hubiera
ahogado no me molestaría. Me cambié con la toalla en la cintura,
mi más apestosa costumbre (según los “limpios”) miré el
espejo y me dije: “¿otra vez tú?”. Un peine, un delineador, desodorante
y algo de perfume son buenos disfraces para mi alma. No creo en los
lápices de labios todos me han decepcionado. Un beso a la hermana
soñolienta que atraviesa el cuarto despeinada y con legañas; otro
beso al padre, que plancha y desencaja con esa mirada de hombre que
quiere y no quiere nada, dice: “con mucho cuidado, por favor.”

» llevo algo en la mente que los vinos jamás me quitarán :: la muerte.
ÉL esta muerto no sé concebir esta oración y lo que me aterra, es la idea que siendo tan crédula de cuanto charlatán
aparesca, no puedo creérmelo aún.