Ella mira esa mancha roja alejarse... cuando se fue sabía quien era perfectamente, la amó desde el primer día en que su mano cabía en su dedo. Pasó el tiempo como se pasan esas gotas por el lavadero mal cerrado; y ahora que la ve alejarse sin estirarle la mano la extraña más que otras veces, más que nada, y en nada se convierte esta mancha roja, ya no sabe porque la esta mirando entonces… ya no la mira y solo contempla el horizonte... o al menos lo que se alcanza ver desde esta posición.

Viaja de nuevo por esos lugares antiguos y modernitos, por el riachuelo donde sus amigas no conversaban de chicos, por donde su madre le decía que no era de su clase estar; y que, sin embargo, estuvo. La mancha roja ya no es problema, ahora el problema es ¿Dónde estoy? ¿Qué hago en este balcón, tan sola? Ve a una mozuela muy mona acercarse, y se dice: que hermosa es… luego de un gran suspiro no le critica nada, entonces la mancha roja lleva en las manos una bolsa de pan... los recuerdos no son tan fluidos a su edad siente el cerrojo de la puerta, tal vez no escucha cuando le hablan pero la puerta siempre la escuchó, siente los suaves y ridículos pasos de un ladrón, pero no le asusta eso le asusta que la tire del balcón, jamás le interesó lo material, a su edad eso ya no importa, sus hijos se encargan de las ambiciones, y siente que algo se acerca, entonces la mancha roja dice : Mamá, hace frío .. ¡Venga tomemos juntas el desayuno!